La Sagrada Escritura fue redactada por Dios mismo, a través de la pluma de distintos autores. La Biblia guarda, en este sentido, cierta analogía con la unión hipostática, pues, al igual que ésta reúne en sí la naturaleza humana y la divina, las páginas de aquella contienen la participación de ambas. Ahora bien, incluso unido a la humanidad, Cristo no posee más que una persona, la divina. Por lo tanto, una distancia infinita lo separa de la creación, constituida por innumerables grados de perfección. Esa gradualidad se aplica también a la Revelación, cuyo ápice es el propio Verbo …