Había entre el pueblo de Israel un joven fogoso, en cuya mirada Moisés sin duda discernía una sublime vocación. Su nombre era Pinjás. La fidelidad cristalina de este varón, obra de toda una vida, brilló de manera impar en un episodio poco conocido de la historia del pueblo elegido que, no obstante, le hizo merecer un puesto de honor entre los hombres ilustres elogiados por el Eclesiástico: allí está como «el tercero en gloria» (45, 23a), contado entre los que recibieron del Señor la dignidad sacerdotal.

Entre los malvados, un puñado de fieles

Narran las Escrituras …