Docilidad a la voz de la gracia y suma de las edades
Es propio de la condición humana, desde los primeros destellos de la razón, un continuo progreso en los caminos del bien o del mal. Algunos terminan sus días como verdaderos monumentos de egoísmo, cargados de pecados y malas inclinaciones no combatidas, acumuladas a lo largo de ochenta o noventa años. Otros, sin embargo, tienen un final glorioso, que confiere belleza a todo un largo pasado, en el que incluso las debilidades parecen tomadas por una luz y purificadas por la bendición de Dios.
En ellos, la pequeña semilla de la gracia divina, plantada en el momento del bautismo, fue germinando y desarrollándose hasta que el árbol alcanzó su plenitud. La inocencia y la virtud crecieron y se refinaron. Ese anciano o esa anciana, como ángeles que se elevan, están listos para entrar en la patria celestial.
Sí, lejos de abandonar los valores adquiridos en las sucesivas fases de la existencia, el alma fiel los conserva, los aumenta y los consolida a lo largo de los años. De modo que, al llegar al final de la vida, suma la inocencia de la infancia, las esperanzas de la adolescencia, el vigor de la juventud, la seriedad de la madurez, la experiencia de la vejez y la sublimidad de la ancianidad.
Esta suma de las riquezas de cada edad es una de las características más destacadas de la historia de Plinio Corrêa de Oliveira.
Fidelidad a un designio
El Dr. Plinio, como solían llamarle sus discípulos, nació en São Paulo, Brasil. Su infancia y adolescencia transcurrieron en el sereno ambiente familiar, insertado en la agradable sociedad del São Paulo de antaño. En su juventud, se destacó como líder católico indiscutible, lo que le llevó a recorrer una brillante carrera política, haciéndose conocido en todo el país. Más tarde fundó un movimiento para luchar por los ideales de la Iglesia, reuniendo a numerosos seguidores a su alrededor, a los que se esforzó por transmitir una sólida formación doctrinal, así como el espíritu que le animaba. Falleció a los ochenta y seis años, tras una terrible enfermedad.
Sin embargo, teniendo en cuenta que todo hombre tiene una misión determinada que cumplir, la vida del Dr. Plinio merece ser considerada desde la perspectiva de ese designio de Dios sobre él, para comprender su persona y su obra.
En efecto, en los últimos siglos la humanidad ha sido corroída por una profunda crisis. Este proceso de desintegración total ha tratado de eliminar los vestigios del orden cristiano, rebelándose así contra el trono del Todopoderoso y buscando, en definitiva, implantar en la faz de la tierra el reino de Satanás. Sin embargo, cuando el mal parecía estar a punto de alcanzar la cima de su expansión y planeaba levantar el estandarte de la victoria, Dios suscitó a un hombre, hijo de la Iglesia y elegido por la Santísima Virgen, para desempeñar un papel que hasta entonces no se había manifestado en la historia.
¿Quién fue, pues, el Dr. Plinio?
Un hombre que nació y se desarrolló a la luz de la inocencia de su madre, Dña. Lucilia Corrêa de Oliveira, y que brilló por su integridad moral.
Un hombre llamado a reflejar en sí mismo virtudes armónicas aparentemente opuestas: por un lado, una grandeza extraordinaria y una majestuosidad imponente, que causaban temor a los orgullosos; por otro, una bondad acogedora, penetrante y llena de benevolencia, que atraía...
Un hombre dotado de un carisma de discernimiento de los espíritus sin igual, con una visión histórica que abarcaba no sólo la psicología de los individuos, sino que penetraba en la opinión pública de los pueblos y las naciones.
Un hombre que, a modo de un árbol brotado entre las rocas, creció en medio de persecuciones, incomprensiones e ingratitudes.
Un hombre de fe, que defendió, como laico, el honor, la santidad y la infalibilidad de la Iglesia como nadie en su época.
Un varón que divisó la situación de la humanidad, discernió el mal que se extendía y, con la fuerza de su convicción, desafió solo el consenso de su tiempo, haciendo del triunfo del Inmaculado Corazón de María, prometido en Fátima, uno de los principales objetivos de su apostolado y de toda su existencia. Con esta intención ofreció su propia vida, si así lo disponía la Providencia, y fue llevado tras mil sufrimientos afrontados con el valor de un caballero y la resolución de un verdadero mártir.
Estas diversas facetas de una personalidad tan amplia constituyen un ejemplo luminoso, muy diferente de los engañosos patrones humanos que presenta la sociedad actual, de cómo debe ser el verdadero católico.
Y a quienes deseen profundizar en el conocimiento de su persona, les recomendamos la lectura de la colección en cinco volúmenes, de autoría de Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP, El don de la sabiduría en la mente, la vida y la obra de Plinio Corrêa de Oliveira.