Cómo surgieron los cooperadores de los Heraldos del Evangelio
Los cooperadores (también conocidos como terciarios) surgieron en las diversas ciudades y naciones donde se ha manifestado la acción evangelizadora de los Heraldos del Evangelio.
Esto se debe a que el testimonio de vida de los Heraldos del Evangelio ha despertado en un número creciente de personas el deseo de ser anunciadores de la buena nueva, con las características propias de la espiritualidad y el carisma de la institución.
Laicos casados o solteros que viven en el mundo, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, laicos de vida consagrada o miembros de otras asociaciones o movimientos apostólicos, los cooperadores de los Heraldos del Evangelio, además de observar los preceptos y deberes propios de su estado, se esfuerzan por vivir según el carisma y la espiritualidad de la Asociación, dedicándole su tiempo libre y comprometiéndose a cumplir ciertas obligaciones.
Desean aplicar a su vida un carisma
Los Heraldos del Evangelio, poniéndose al servicio de la Iglesia, anuncian el Evangelio a todas las clases sociales, actuando en parroquias, hogares y escuelas, en los más variados ambientes profesionales, culturales y deportivos, en la televisión y la radio, en los suburbios, hospitales, asilos y prisiones, y en todos los lugares donde les sea posible llevar una palabra de consuelo, de ánimo o de esperanza.
Los cooperadores, en la medida en que sus deberes de estado y su modo de vida lo permiten, también se comprometen en estas actividades, orientados por aquellos que sus superiores designan para tal fin, formando parte de este carisma.
De este modo, desean aplicar a su vida en el mundo, en sus círculos familiares, en sus actividades sociales y en sus trabajos profesionales, el espíritu y las enseñanzas de los Heraldos del Evangelio, siendo para sus semejantes testigos de Cristo con la palabra y con el ejemplo.
Sin embargo, como cualquier heraldo del evangelio, saben que todos sus esfuerzos serán estériles si sus corazones no están íntimamente unidos a Jesús y a María, ya que la vida interior es el alma del apostolado.
El núcleo del carisma de los cooperadores
He aquí el núcleo de su carisma: dar testimonio de la belleza, del esplendor de la verdad y de la virtud, ser símbolo de la bondad y la grandeza infinitas de Dios, transmitiendo en todas sus manifestaciones una nota de solemnidad y pulcritud.
En este sentido y según este carisma, los Heraldos del Evangelio, tanto los que tienen una vida de dedicación integral como los cooperadores, buscan la perfección de la caridad en todas las cosas y desean alcanzar la santidad. Como advirtió el papa Juan Pablo II, la santidad:
«es un compromiso que no afecta sólo a algunos cristianos: “Todos los cristianos, de cualquier clase o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor». Este ideal de perfección no ha de ser malentendido, como si implicase una especie de vida extraordinaria, practicable sólo por algunos “genios” de la santidad. Los caminos de la santidad son múltiples y adecuados a la vocación de cada uno» (cf. Novo millennio ineunte , 30-31).
Participan de las gracias especiales que Dios concede a la Asociación
Los cooperadores participan de las gracias especiales que Dios concede a la Asociación. El santo padre les ha concedido la indulgencia plenaria in articulo mortis en la fiesta de la Cátedra de San Pedro (22 de febrero), de la Madre del Buen Consejo de Genazzano (26 de abril), de Santa Teresa del Niño Jesús (1 de octubre).
Están organizados en fraternidades, en función de las parroquias a las que pertenecen, o de la proximidad de una casa de los Heraldos del Evangelio.
Para convertirse en cooperador, el candidato comienza por prepararse para la consagración a Jesucristo, la Sabiduría encarnada, por las manos de María, según el conocido método de san Luis María Grignion de Montfort.
El día de su admisión pronuncia la fórmula de la consagración, durante una ceremonia solemne, en la que recibe la túnica de cooperador, la insignia o distintivo y un devocionario.
El devocionario contiene oraciones que los cristianos deben rezar en diferentes momentos del día; por ejemplo, al levantarse y al acostarse, antes y después de las comidas, en el momento del ángelus, además de otras oraciones muy convenientes para incrementar la vida de piedad, obtener la intercesión de la Santísima Virgen y de los santos, y agradar a Dios.