Al hablar de la espiritualidad de una orden religiosa , debemos recordar a los grandes santos de la Iglesia, como san Elías, san Benito, san Francisco, santo Domingo y san Ignacio de Loyola. Su espiritualidad movió la vida de otros que se acercaron y configuraron una forma muy particular de vivir la fe, siempre en consonancia con la Santa Iglesia, hasta el punto de moldear la sociedad de su tiempo.
En el centro del sueño de Dios para la humanidad, ésta es la misión de la espiritualidad cristiana: impregnar todos los ámbitos de la sociedad para hacerla volver a Dios.
Y como la espiritualidad es una forma de vivir unidos a Nuestro Señor Jesucristo, sólo es posible hacerlo teniendo por fundamento la Eucaristía, con la ayuda de la Santísima Virgen y unidos en la fe y en la defensa del Papado.
En los estatutos de los Heraldos se lee:
La espiritualidad tiene como líneas maestras la adoración de Jesús Eucarístico, de inestimable valor en la vida de la Iglesia para construirla como una, santa, católica y apostólica, cuerpo y esposa de Cristo (EE 25, 61); la filial piedad mariana, imitando la siempre Virgen y aprendiendo a contemplar en ella el rostro de Jesús (NMI 59); y la devoción al papado, fundamento visible de la unidad de la fe (LG 18).
Así es como buscamos vivir nuestra espiritualidad, como cristianos, católicos y heraldos del evangelio.