Seguir el desarrollo de las instituciones o costumbres siempre ha sido una forma eficaz y saludable de crecer en el amor a ellas. Sin embargo, el pragmatismo —gran dominador de nuestro siglo— nos ha ido habituando a contemplar las cosas sólo como se nos presentan a la vista, a fijar nuestra atención en su utilidad inmediata y a olvidar los valores, a menudo inmensos, que hay tras ellas. Uno de los ejemplos más ilustrativos al respecto son los libros. Libros, los hay a miles. Se venden, se leen, se olvidan… Su destino suele ser el fondo enmohecido de una …