28 de septiembre – XXVI Domingo del Tiempo Ordinario

Por revelación de Nuestro Señor y la solemne definición de la Iglesia, conocemos la existencia de un destino eterno después de nuestra muerte: el Cielo o el Infierno, según haya sido nuestra vida. Nadie escapa a esto, como nos lo muestra el Evangelio de este domingo, en el que un hombre rico es condenado a un lugar de tormentos y el pobre Lázaro es llevado por los ángeles junto a Abrahán (cf. Lc 16, 22-23). Sin embargo, hay algo que podemos olvidar fácilmente: de alguna manera, el Cielo y el …