7 de septiembre – XXIII Domingo del Tiempo Ordinario

Imaginemos que diez amigos inician una peregrinación a un santuario mariano situado en una montaña. El camino promete ser arduo: setenta kilómetros de subida. Nos preguntamos: ¿cuántos de ellos llegarán a la meta? Muy sencillo. Aquellos que, al marchar, afirmen con convicción: «Iré hasta el final». La experiencia demuestra que las caminatas espirituales alcanzan un feliz éxito cuando parten de un primer impulso decidido y fervoroso. Este principio se aplica, sobre todo, al llamamiento de Dios al sacerdocio o a la vida religiosa. El joven que siente en sí mismo …