Artículo IV
Esta devoción es un medio excelente para buscar la mayor gloria de Dios
Cuarto Motivo:
151. Esta devoción fielmente practicada es un excelente medio de actuar, de tal manera que el valor de todas nuestras buenas obras sea empleado para la mayor gloria de Dios. Casi nadie actúa por este noble fin, a pesar de que a ello se está obligado, bien sea porque no se sabe dónde está la mayor gloria de Dios, bien, porque no se la desea. Pero la Santísima Virgen, a quien se cede el valor y mérito de estas buenas obras, conoce perfectísimamente dónde está la mayor gloria de Dios, y no hace otra cosa que para la mayor gloria de Dios. De tal modo que un perfecto siervo de esta buena Señora, que se ha consagrado a Ella enteramente como lo hemos dicho, puede decir osadamente que el valor de todas sus acciones, pensamientos y palabras, es empleado para la mayor gloria de Dios, a menos que él revoque expresamente su ofrecimiento. ¿Puede encontrarse algo más consolador para un alma que ama a Dios con un amor puro y desinteresado, y que procura más la gloria de Dios y sus intereses que los suyos propios?
Artículo V
Esta devoción conduce a la unión con Nuestro Señor
Quinto Motivo:
152. Esta devoción es un camino fácil, corto, perfecto y seguro para llegar a la unión con Nuestro Señor, que es en lo que radica la perfección del cristiano.
1. Esta devoción es un camino fácil
Es un camino fácil; es un camino que Jesucristo ha abierto viniendo a nosotros, y en el cual no hay obstáculo ninguno para llegar a Él. En verdad se puede llegar a la unión divina por otras vías, pero en ellas se encuentran más cruces y muertes extrañas y con muchas más dificultades que no venceremos sino difícilmente. Será necesario pasar por noches oscuras, por combates y agonías espantosos, por montañas escarpadas, sobre espinas punzantes y horribles desiertos. Mas, por el camino de María se va más dulce y tranquilamente. En él se encuentran en verdad rudos combates que debemos sobrellevar y grandes dificultades a vencer; pero esta buena Madre y Señora se vuelve tan cercana y presente a sus fieles servidores, para alumbrarlos en sus tinieblas, disipar sus dudas, darles seguridad en sus temores, sostenerlos en sus combates y sus dificultades, que en verdad este camino virginal para hallar a Jesucristo es un camino de rosas y de miel, comparado a los otros caminos. Ha habido algunos santos –pero en pequeño número– como San Efrén, San Juan Damasceno, San Bernardo, San Buenaventura, San Francisco de Sales, etc., que han seguido este dulce camino para ir hacia Jesucristo porque el Espíritu Santo, Esposo de María, se los ha mostrado por una gracia singular; pero los otros santos que son mayoría, aunque todos hayan tenido devoción a la Santísima Virgen, no por eso han entrado en este camino, o si lo han hecho ha sido muy poco. Y esta es la razón por la cual han pasado pruebas más rudas y peligrosas.
153. ¿Cómo entender entonces, me dirá algún fiel servidor de María, que los siervos fieles de esta buena Madre tengan tantas ocasiones de sufrir, y más aún que los otros que no le han sido tan devotos? Se les contradice, persigue y calumnia, no se los puede tolerar; o entonces, caminan en las tinieblas y desiertos interiores, donde no se experimenta la menor gota del rocío del cielo. Si esta devoción a la Santísima Virgen nos abre el camino para encontrar más fácilmente a Jesucristo, ¿de dónde aquí que los que lo transitan sean los más crucificados?
154. Le respondo que ciertamente los más fieles siervos de la Santísima Virgen, siendo los más favorecidos, reciben de Ella las más grandes gracias y favores del cielo, que son las cruces; pero también sustento que los servidores de María son los que llevan estas cruces con más facilidad, mérito y gloria. Y que lo que detendría mil veces a un otro o lo haría caer, a ellos no los detiene ni una sóla vez, mas por el contrario, los hace avanzar, porque esta buena Madre toda llena de gracias y de la unción del Espíritu Santo, endulza todas las cruces que Ella les prepara, con el azúcar de su dulzura maternal y la unción del puro amor, de tal manera que ellos las consumen alegremente como nueces confitadas, aunque ellas sean por sí mismas amarguísimas. Y creo que una persona que quiera ser devota y vivir piadosamente en Jesucristo, y en consecuencia, sufrir persecuciones y llevar todos los días su cruz, no podrá cargar jamás grandes cruces, o no las cargará alegremente ni hasta el fin, sin una tierna devoción a la Santísima Virgen que es la confitura de las cruces: al igual que una persona no podría comer sin gran violencia –que no será de gran duración– nueces verdes que no estuviesen confitadas en azúcar.
2. Esta devoción es un camino corto
155. Esta devoción a la Santísima Virgen es un camino corto para encontrar a Jesucristo, ya sea porque nadie se extravía en él, ya sea porque, conforme venimos demostrando, allí se camina con más alegría y facilidad, y en consecuencia, con más prontitud. Se avanza más en poco tiempo de sumisión y dependencia de María, que en años enteros haciendo la voluntad propia, y apoyándose en sí mismo; pues un hombre obediente y sumiso a la divina María cantará victorias (Prov. 21, 28) señaladas sobre todos sus enemigos. Es verdad que ellos querrán impedirle que siga su camino, o hacerlo retroceder o caer; pero, con el apoyo, el auxilio y la conducción de María, sin caer, sin retroceder y aún sin retardarse, avanzará con pasos de gigante hacia Jesucristo, por el mismo camino por el cual está escrito que Jesús ha venido a nosotros a pasos de gigante y en poco tiempo (Sal. 18, 6).
156. ¿Por qué pensáis que Jesús ha vivido tan poco tiempo en la tierra, y que en los pocos años que Él ha vivido, pasó casi toda su vida en la sumisión y obediencia a su Madre? – ¡Ah! es porque habiéndose consumido en poco tiempo su carrera, (Sab. 4, 13) ha vivido mucho tiempo y muchísimo más que Adán, cuyas pérdidas había venido a reparar, aun cuando éste vivió más de novecientos años. Y Jesucristo vivió mucho tiempo, pues vivió enteramente sumiso y unido a su Santísima Madre, en obediencia a Dios su Padre, porque: 1º. El que honra a su madre, se parece a un hombre que atesora, nos dice el Espíritu Santo; o sea, que aquel que honra a María su Madre hasta someterse a Ella y obedecerle en todas las cosas, se hará riquísimo, pues amasa tesoros todos los días por el secreto de esta piedra filosofal: Qui honorat matrem, quasi qui thesaurizat (Eclo. 3, 5). 2º. Pues, según una interpretación de estas palabras del Espíritu Santo: Senectur mea in misericordia uberi, – “mi vejez se encuentra en la misericordia del vientre”, es en el vientre de María donde ha encerrado y engendrado a un hombre perfecto (Jer. 31, 22), y que ha tenido la capacidad de contener a Aquel a quien todo el universo no consigue abarcar ni contener; es en el seno de María, lo afirmo, que los jovencitos llegan a la ancianidad, en luz, santidad, experiencia y sabiduría, llegando en pocos años hasta la plenitud de la edad de Jesucristo.
3. Esta devoción es un camino perfecto
157. Esta práctica de devoción a la Santísima Virgen es un camino perfecto para ir y unirse a Jesucristo, pues la divina María es la más perfecta y santa de las meras criaturas, y Jesucristo que vino a nosotros de modo perfecto, no ha tomado otra ruta en su grande y admirable viaje, que la Virgen María. El Altísimo, el Incomprensible, el Inaccesible, El que Es, ha querido venir a nosotros, gusanillos de la tierra que no somos nada. ¿Cómo se ha dado esto? El Altísimo ha descendido perfecta y divinamente hasta nosotros por la humilde María, sin perder nada de su divinidad y santidad; y es por medio de María que los pequeñitos deben subir perfecta y divinamente hasta el Altísimo, sin aprensión ninguna. El Incomprensible se ha dejado abarcar y contener perfectamente por la humilde María, sin perder nada de su inmensidad; y también es a través de la humilde María que nosotros debemos dejarnos contener y conducir perfectamente y sin ninguna reserva. El Inaccesible se ha aproximado, se ha unido estrecha, perfecta e incluso personalmente a nuestra humanidad por María, sin nada perder de su majestad; también es por María como debemos acercarnos a Dios y unirnos a su Majestad perfecta y estrechamente, sin temor de ser rechazados. Finalmente, Aquel que Es quiso venir a lo que no es, y hacer que aquel que nada es, se haga Dios o Aquel que Es; y esto lo hace perfectamente dándose y sometiéndose plenamente a la tierna Virgen María, sin dejar de ser en el tiempo Aquel que Es desde toda la eternidad; así mismo, aunque nosotros no seamos nada, es por María que podremos llegar a ser semejantes a Dios, por la gracia y la gloria, dándonos a Ella tan perfecta y enteramente, que nada seamos en nosotros, y todo en Ella, sin temor de engañarnos.
158. Que se me trace un camino nuevo para ir a Jesucristo, y que este camino sea enlosado con todos los méritos de los bienaventurados, adornado con todas sus virtudes heroicas, esclarecido y embellecido con todas las luces y hermosuras de los ángeles, y que todos los ángeles y los santos ahí estén para conducir, defender y sostener a todos aquellos que por él quisieren andar. En verdad, en verdad –lo afirmo sin temor y sé que digo la verdad–, que en lugar de este camino que sería tan perfecto, tomaría preferiblemente la vía Inmaculada de María: Posui inmaculatam viam meam (Sal. 17, 33), vía o camino sin mancha ni suciedad, sin pecado original ni actual, sin sombras ni tinieblas; y si mi amable Jesús viene glorioso una segunda vez a la tierra para reinar aquí (como es seguro), no escogerá otra vía para su viaje que la divina María, por la cual Él tan segura y perfectamente vino la primera vez. La diferencia que habrá entre la primera y última venidas, es que la primera ha sido secreta y oculta y la segunda será gloriosa y esplendorosa; pero todas las dos perfectas, pues las dos serán por medio de María. ¡Ah! ¡He aquí un misterio que no se comprende: Hic taceat omnis lengua.