Rey y arquetipo del batallador incansable, San Fernando de Castilla fue un extraordinario ejemplo del hombre fuerte y héroe, completado por antítesis armónicas: alma más vigorosa que el cuerpo, ímpetu mayor que la musculatura, ideal aún mayor que el ímpetu; y una total abnegación de sí, en aras de este ideal.
Piadoso, puro, fuerte, majestuoso, montado en su corcel, de lanza en ristre contra el adversario, es el símbolo del caballero de la luz.
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