Cardenales
Me es muy grato, o mejor dicho, es un deber de gratitud constatar que la Asociación Internacional Privada de Fieles Heraldos del Evangelio, desde su acogida en nuestra Archidiócesis de Madrid, ha dado pruebas irrefutables de la sencillez evangélica de sus miembros y de su celo apostólico.
Siempre he observado en ellos una conducta ejemplar de fidelidad a la Iglesia, diligencia en el servicio al prójimo, cuidado de la vida litúrgica, anuncio del Evangelio y promoción de una verdadera y auténtica devoción a la Santísima Virgen María.
Desde 1999, cuando acogí a los Heraldos del Evangelio en la Archidiócesis, he acompañado de cerca su labor evangelizadora y su desarrollo vocacional. Los Heraldos están haciendo mucho bien a la Iglesia, y considero que este es un carisma muy necesario para nuestros días.
Arzobispos y Obispos
Siempre han trabajado en comunión y colaboración con el clero local, desarrollando una loable acción evangelizadora que ayuda a reavivar la fe en la comunidad y dando testimonio de vida cristiana por su conducta y fidelidad al Magisterio y a la Iglesia.
Siempre han trabajado en comunión y colaboración con el clero local, desarrollando una encomiable acción evangelizadora que ayuda a reavivar la fe en la comunidad y lleva a todos, sin distinción, su mensaje de amor a la Santísima Virgen.
Siempre me ha impresionado su espíritu de fidelidad a la Iglesia. Podemos y debemos contemplar con gran alegría su espíritu misionero y la bendecida fecundidad de sus obras.
Tengo una experiencia muy positiva de los Heraldos del Evangelio. En mis contactos con sus sacerdotes pude comprobar la solidez de su formación y su fidelidad en la unión con los Obispos y con el Santo Padre.
La labor de los Heraldos fue muy positiva y aportó abundantes beneficios para revitalizar la vida parroquial y fortalecer la vida de fe y caridad.