Anchieta parecía poseer el don divino de dominar los elementos. […]
En Bahía, en cierta ocasión, cuando le informaron de que en el colegio no tenían qué comer, pues el tiempo se había vuelto desfavorable para la pesca, Anchieta mandó que se presentara ante él el encargado de lanzar las redes y, desde una ventana, le señaló cierto punto de la bahía donde debía echar las atarrayas. El pescador obedeció y tuvo éxito. En un único lance capturó tantos y tan apreciados peces que no sólo bastaron para atender las necesidades del colegio, sino que además pudieron repartirse entre personas muy necesitadas.
En otra ocasión, mientras visitaba una aldea de indígenas en Espírito Santo, supo por ellos que pasaban hambre, ya que el tiempo no era propicio para la pesca. Anchieta los animó y los condujo a una playa donde el mar bramaba, sin que nada indicara que pudiera obtenerse pesca alguna.
—¿Qué peces deseáis? —les preguntó Anchieta.
Y ellos, en tono burlón, sabiendo por experiencia que no pescarían nada para comer, respondieron:
—¡Jureles!
Los jureles eran los peces más raros y apetecidos por los indios, pero era imposible encontrarlos en aquella época del año.
—¡Echad vuestras redes! —les intimó Anchieta.
Las echaron. Y capturaron tantos peces, especialmente jureles, que creyeron hallarse ante un hecho sobrenatural. Veneraron aún más al sacerdote, que ya les inspiraba el respeto debido a un chamán. Empezaron a llamarlo Señor de la pesca. Y le llevaban sus redes para que las bendijera cuando emprendían lejanas expediciones.
TOMÁS, Joaquim. Anchieta, o apóstolo do Brasil. Dois Irmãos: Minha Biblioteca Católica, 2020, pp. 173-174.
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