El hombre sólo alcanza la felicidad cuando cumple la finalidad para la que ha sido creado. Esta finalidad constituye el principio y el fundamento de su existencia. San Ignacio lo presenta como el deber que tiene el hombre, como criatura, de alabar, reverenciar y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su alma.
Octubre de 2026, n.º 279
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Agosto de 2026, n.º 277
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