Una celebración marcada por la fe y la devoción a la Virgen reunió a unas 250 personas en la capilla de Nuestra Señora de Loreto, en el Instituto Tecnológico de Aeronáutica (ITA), en São José dos Campos (Brasil).
La santa misa fue celebrada por el P. Isoldino, EP, y uno de sus momentos destacados fue la coronación de la imagen de la Virgen de Fátima, realizada por el mayor Denis Arruda.
La ceremonia reunió a familias, niños y adultos ante la imagen de la Madre de Dios, en una manifestación pública de fe y confianza en su intercesión.
Un gesto de amor a la Madre de Dios
En la tradición católica, coronar una imagen de la Virgen no significa atribuir poder alguno a la propia imagen, sino manifestar, mediante un signo visible, el amor y la veneración dedicados a aquella que fue escogida para ser la Madre de Jesucristo.
El gesto recuerda también la realeza de María, reconocida por la Iglesia como Reina del cielo y de la tierra.
Su grandeza, sin embargo, nace precisamente de su humildad y de su completa entrega a la voluntad divina.
Fue Ella quien respondió al anuncio del ángel con absoluta disponibilidad: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra (Lc 1, 38).
Así, colocar una corona sobre la imagen de la Virgen es también recordar el camino que llevó a María a la verdadera grandeza: el servicio, la fidelidad y la obediencia a Dios.
El mensaje de Fátima permanece vigente
La presencia de la imagen de Nuestra Señora de Fátima añade a la ceremonia otro significado especial. Las apariciones ocurridas en Portugal, en 1917, dejaron a los fieles una insistente invitación a la oración, a la conversión y a la confianza en Dios.
Más de un siglo después, en un mundo marcado por conflictos, inseguridades y tantas inquietudes, el mensaje continúa recordando a los cristianos la fuerza de la oración y la necesidad de volver el corazón hacia Dios.
La celebración que tuvo lugar en São José dos Campos se convirtió así no solo en un homenaje a la Virgen María, sino también en una oportunidad para renovar la fe y la confianza en su intercesión maternal.
Entre oraciones, cánticos y la solemnidad de la coronación, los participantes pudieron ser testigos de una expresión sencilla y profunda de la devoción mariana: hijos reunidos para honrar a aquella a quien la Iglesia, desde hace siglos, llama Madre.
Crédito de las fotos: Cezar Fabri
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