Para todos los fieles y, de manera especial, para las instituciones que promueven obras de evangelización, ésta es una fecha de profunda acción de gracias. Celebrar el papado es, ante todo, reconocer la mano de la Providencia que, en el secreto del cónclave, eligió al guía necesario para los desafíos de nuestro tiempo.
Una elección bajo el signo de la gratitud
El ascenso de León XIV al solio pontificio es considerado por la comunidad católica como undon de Dios. En este primer año, su liderazgo se ha caracterizado por un equilibrio poco común entre autoridad doctrinal y cercanía paternal.
La primera palabra que brota hoy de nuestros labios orantes es «gratitud». Gratitud por el valor y por la manera en que ha soportado el peso de las llaves de Pedro, siempre mirando hacia lo alto, recordando que la Iglesia no es una organización meramente humana, sino un cuerpo vivo movido por el Espíritu Santo.
El refugio en María
Uno de los rasgos más destacados de este pontificado, que tanto resuena en el alma de los devotos, es su profunda devoción mariana. León XIV no camina solo; lo hace de la mano de la Virgen. En sus audiencias, la presencia de la Santísima Virgen es una constante, presentada como la Estrella de la Evangelización y el puerto seguro para los fieles.
Para el papa, la devoción a María no es un accesorio de la fe, sino una necesidad vital parapermanecer fiel a Cristo en medio de las tormentas. Es bajo el manto azul donde busca la luz para gobernar la Iglesia, lo que dejó claro con su primer gesto tras el resultado del cónclave: la visita a la Madre del Buen Consejo, en Genazzano.
La Barca de Pedro en aguas turbulentas
No se puede ignorar la delicada situación que atraviesa la Iglesia en el contexto del mundo actual. Vivimos tiempos de rápidas transformaciones, en los que los valores fundamentales se ven constantemente puestos a prueba por el creciente secularismo y por crisis que parecen querer sacudir los pilares de la fe. Sin embargo, es precisamente en este escenario de incertidumbres donde la figura del vicario de Cristo se destaca.
Sin dejarse llevar por las modas pasajeras ni por el desánimo, el santo padre ha guiado la Barca de Pedro con serenidad. Su liderazgo ofrece un norte moral en un mundo que parece haber perdido el sentido de la orientación. Nos recuerda que la Iglesia, aunque insertada en el tiempo, es eterna en su misión de salvar almas y anunciar la Verdad, independientemente de las presiones externas.
Fidelidad y esperanza
Al celebrar este primer aniversario, el homenaje que le rendimos es el de la fidelidad. León XIV ha sido el maestro de la fe que confirma a sus hermanos, el pastor que conoce a sus ovejas y el padre que no se cansa de exhortar a la santidad. Para los Heraldos del Evangelio y para todos los fieles, el ejemplo de su entrega total al servicio del reino de Dios es el combustible que renueva nuestra esperanza.
Pidamos que la Virgen de Fátima continúe cubriéndolo con su protección, fortaleciendo su salud e iluminando su discernimiento, para que León XIV siga siendo, durante muchos años, la voz que clama en el desierto de la modernidad, conduciéndonos con seguridad hacia la patria celestial.