La universalidad de la Iglesia católica se manifestó de manera conmovedora a comienzos de octubre de 2026, en una jornada de fe y acogida que fortalece la Iglesia doméstica en tierras africanas.

Mediante las visitas del Oratorio del Inmaculado Corazón de María, familias inmigrantes procedentes de países como Burundi, Congo y Burkina Faso, residentes en Port Elizabeth, abrieron sus hogares y corazones para acoger la peregrinación de la Santísima Virgen.

Reunidos en torno a la imagen, los fieles elevaron fervorosas plegarias, poniendo de manifiesto que la devoción a María derriba fronteras culturales y une a los hijos de Dios bajo un mismo manto de amor y protección maternal en cualquier parte del mundo.

La belleza de la fe primaveral

En Roodepoort, la visita estuvo revestida de un encanto y una sencillez que conmovieron a todos: un niño de apenas cinco años pidió a su madre que lo vistiera de sacerdote para recibir dignamente la sagrada imagen.

Ese gesto espontáneo de la infancia, moldeado por la gracia, refleja la pureza de alma que atrae las bendiciones del cielo sobre las familias.

Se trata de una verdadera muestra de la belleza y la intensidad de la fe primaveral, a la que se refirió el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira en su bellísima Oración de la Restauración.

Un gesto sencillo y amoroso que refleja también las palabras de Jesús a los apóstoles: Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos (Mt 19, 14).

Créditos de las fotos: Janine Laing y Aldo Leone


El oratorio peregrino une naciones y siembra la devoción mariana en Sudáfrica