Desde el primer instante de la concepción del Verbo, la Virgen le rinde ininterrumpidos actos de adoración De su Inmaculado Corazón fluye la sangre que constituirá su cuerpo; sin embargo, lo que más lo alimenta son los torrentes de amor que brotan de ese mismo corazón.
El papel de María consiste en amarlo, adorarlo y glorificarlo como ninguna otra criatura podrá hacerlo. Ese Niño fue creado en el tiempo, sobre todo, para ser amado por Ella.
Revista Heraldos del Evangelio. Año XXIV. N.º 278. Septiembre 2026
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