¿Quién podría haber más humilde que la Santísima Virgen, que se consideraba indigna de ser esclava de la Madre del Salvador? ¿Acaso tal actitud no representaba la más alta y pura expresión de la pobreza de espíritu?
Así como su modestia alcanzó el nivel más alto posible, en la misma proporción sucedería su elevación y gloria. Por eso la Iglesia la alabaría como Reina del Cielo. A nadie le correspondería mayor premio.
Revista Heraldos del Evangelio. Año XXIV. N.º 278. Septiembre 2026
Revista Heraldos del Evangelio. Año XXIV. N.º 277. Agosto 2026
Revista Heraldos del Evangelio. Año XXIV. N.º 276. Julio 2026
¿Quiénes son los Heraldos del Evangelio?
Auxilio de los cristianos
Villancicos