El demonio fue vencido por María una primera vez cuando Dios le anunció que esta mujer aplastaría su cabeza.

Fue vencido cuando Ella fue concebida inmaculada. Fue vencido cuando esta santísima y augustísima virgen dio a luz al Hijo de Dios hecho hombre, aquel que venía a la tierra para destruir, por su propia muerte, el imperio de muerte de Satanás.

Fue vencido durante siglos, y lo será hasta el fin de los tiempos, por María, que no cesa de arrebatarle a sus víctimas, deshacer sus engaños y de ponerle freno a sus violencias.

Sólo el nombre de María basta para hacerlo tremer; una invocación a esta Reina toda poderosa, a esta Madre misericordiosa, basta para obligarlo a huir.

Victoriosa sobre los demonios, María lo es, por la misma razón, sobre todos los enemigos de Dios, porque de ellos el demonio es su jefe, cuya voluntad ejecutan.