Puesto que María ha formado la Cabeza de los predestinados, que es Jesucristo, le corresponde también a Ella formar los miembros de esa Cabeza, que son los verdaderos cristianos; ya que una madre no forma la cabeza sin los miembros, ni los miembros sin la cabeza. Por consiguiente, quien quiera ser miembro de Jesucristo, lleno de gracia y de verdad, debe ser formado en María por medio de la gracia de Jesucristo, que reside en Ella en plenitud, para ser comunicada en plenitud a los verdaderos miembros de Jesucristo y a los verdaderos hijos de María.

San Luis María Grignion de Montfort