Acabo de celebrar la Eucaristía aquí, en la basílica de Nuestra Señora del Rosario, y de confirmar a un considerable número de hermanos y hermanas, miembros de las distintas comunidades que componen la parroquia de Nuestra Señora de las Gracias, confiada al cuidado pastoral de los Heraldos del Evangelio.

Aprovecho esta ocasión para dar mi testimonio sobre su trabajo y ya adelanto que es un testimonio marcado por la alegría y por sentimientos de gratitud.

Todos tenemos la misma misión

El 6 de diciembre de 2019 cumpliré diez años en el ejercicio del ministerio episcopal en la diócesis de Bragança Paulista, donde los Heraldos del Evangelio tienen un gran número de casas.

Y deseo manifestar que desde que llegué aquí nuestra relación siempre ha sido —para usar la expresión del Papa Francisco— de cercanía.

Recibieron al obispo de un modo fantástico, muy respetuoso siempre, y yo también los acojo con alegría y respeto, porque, a fin de cuentas, todos tenemos la misma misión: ¡debemos ser heraldos del Evangelio!

Celo apostólico y misionero

En la parroquia que esta diócesis les confió, todos son atendidos. Los niños no se quedan sin la Primera Comunión, ni los jóvenes sin la Confirmación.

A las parejas no les falta el apoyo espiritual que les corresponde, sobre todo en cuanto a la preparación para el Matrimonio. Los enfermos no dejan de ser atendidos.

Ninguna de las más de diez comunidades se queda sin Misa los días de precepto; las hay todos los sábados por la tarde y el domingo entero.

Siento mucha alegría por tener sacerdotes así en nuestra diócesis. Aquí en este terreno tan poblado de abundante vegetación, tan bonita, hay varias comunidades... verdaderas comunidades eclesiales misioneras.

Soy testigo de esto, pues he estado en muchas de ellas. Por no mencionar del cuidado con cada uno de los templos y capillas, al ser allí donde la Iglesia viva se reúne y entrega al Señor lo que tiene de mejor.

Mi experiencia con la presencia de los Heraldos en Bragança Paulista es, en suma, muy positiva y muy hermosa. Son solícitos no solamente para con el obispo y la parroquia que les ha sido confiada, sino también para con la diócesis en su conjunto.

Nunca ha faltado su apoyo a las parroquias más necesitadas. ¡Y cuántos sacerdotes procuran a los Heraldos en busca de ayuda en un momento de enfermedad o cuando necesitan ausentarse algunos días! Todo esto es muy bonito.

La victoria pertenece al bien

Entonces, ¿qué puedo decir? Lo que ya he afirmado: ¡qué bueno es tener a los Heraldos aquí en nuestra diócesis de Bragança Paulista! Así lo veo yo, esta es la realidad con la cual convivo y no puedo declarar nada diferente.

Al contrario, pienso que es bueno que se dé a conocer ese testimonio, porque el bien prevalece siempre.

Si hay dificultades y desafíos, es mediante el diálogo, la comunión, el compartir y la corrección fraterna que, con la gracia de Dios, se van resolviendo.

El Evangelio ha de hablar más alto y, por eso mismo, mi palabra debe ser de gratitud, alegría, amistad y apoyo.

¡Que Dios los bendiga siempre!