En el Brasil de 1936 «se vivía la Revolución de 1930 y la amenaza del comunismo»,1 como sintetizó el actual obispo de Pesqueira (estado de Pernambuco), Mons. José Luiz Ferreira Salles, CSsR. Por entonces, temibles cangaceiros —bandoleros armados— recorrían el sertão pernambucano en dirección a Paraíba. Por donde pasaban, dejaban un reguero de crímenes y perversidades de lo más reprobable. La localidad de Cimbres, situada en la sierra de Ororubá y perteneciente asimismo a la diócesis de Pesqueira, fue escenario de algunos de esos acontecimientos. Fue en esa región, perdida en los confines del nordeste brasileño, donde comenzó nuestra historia…

«Mariofanía» en tierras brasileñas

Había allí una finca llamada Guarda. Durante aquella época funesta, Artur Teixeira de Carvalho, que allí residía, solía buscar refugio entre los peñascos y rezar al aire libre con su esposa, Auta, y toda su prole, ante una estampa de la Santísima Virgen cuidadosamente adornada con flores, implorándole su maternal protección. A principios de junio de 1936, los cangaceiros regresaron a aquellas tierras, pero la familia salió ilesa.

La mañana del 6 de agosto, cuando en todo el mundo se celebraba la fiesta de la Transfiguración del Señor, Auta le pidió a su hija María da Luz, de 13 años, que fuera a recoger semillas de ricino en la finca, acompañada de María da Conceição, una amiga de 16 años que se hospedaba en casa de la familia. Por el camino, las jóvenes se preguntaron qué harían si volvían a aparecer los cangaceiros del jefe Lampião. María da Luz no dudó en responder que actuaría igual que antes: rezaría a la buena Madre del Cielo y estaba segura de que las defendería. Dicho esto, alzó la mirada hacia el peñasco, atraída por una luz de incomparable brillo y belleza.

—¡Parece que allí está Ella para protegernos! —exclamó la pequeña a su compañera, que también veía la figura luminosa.

¿De qué se trataba? De una nueva transfiguración, ya no en el monte Tabor, sino en los peñascos de Cimbres. Sí, ¡era una «mariofanía» en tierras brasileñas! Del Cielo había descendido la Estrella de la mañana y, al contacto con aquellas jóvenes, hizo que sus almas brillaran como astros: formaban las «Tres Marías», ya no la de Magdala ni la de Cleofás, como narran los Evangelios, sino la «da Luz» y la «da Conceição»; la tercera seguía siendo la misma, María de Nazaret, la Santísima Virgen, que allí se manifestaba.

La primera en descubrir lo ocurrido fue Auta, quien sonsacó la información a las videntes y, tras una primera reacción de incredulidad, acabó creyendo su relato. Sin embargo, no se puede decir lo mismo del resto de la familia, que discutió acaloradamente con las adolescentes para disuadirlas de divulgar la aparición. En cualquier caso, como suele ocurrir, la noticia se difundió enseguida por toda la región y fueron en vano los intentos de silenciar tales acontecimientos.

Preocupado, Artur pidió consejo al obispo local, Mons. Adalberto Accioli, quien encargó la investigación del caso a su secretario, el sacerdote alemán José Kehrle, cometido que éste desempeñó con celo y piedad. Más tarde, el P. Kehrle, como investigador ad hoc, y fray Estevam Roettger, OFM, emitieron «un parecer favorable sobre los hechos y una certificación de su veracidad».2

Un interrogatorio en alemán

Tras conversar largamente con el padre de María da Luz e interrogar a la propia niña acerca de lo ocurrido en Cimbres, el P. Kehrle le dio a Artur un par de instrucciones y le entregó por escrito algunas preguntas que la joven debía hacerle a la «Santa», como la llamaban. Interrogada sobre su identidad, respondió: «Yo soy la Gracia». Las apariciones continuaron durante todo el mes de agosto.

El P. Kehrle decidió comprobar personalmente los datos. Al llegar al lugar de las apariciones, el 20 de agosto, le ordenó a Artur que se llevara a María da Conceição un poco más lejos, mientras él se quedaría allí con la otra niña, de modo que la distancia sólo les permitiera el contacto visual, pero no el auditivo.

El sacerdote alemán le preguntó entonces a la joven qué veía. Ésta describió la aparición como semejante a la imagen de Nuestra Señora del Carmen, pero con un manto azul y un vestido blanco crema, además de una faja. En el brazo izquierdo sostenía un Niño, quien, a su vez, le rodeaba el cuello con su bracito derecho. Ambos ostentaban hermosísimas coronas.

El sacerdote le hizo una señal a Artur para que invirtiera la posición de las custodiadas. Una vez que María da Conceição estuvo con él, apuntó a un lugar distinto y afirmó que allí su amiga había contemplado a la «Imagen» —otro nombre con el que se referían a la Virgen—. La pequeña respondió, casi llorando, que no la veía allí, sino justo en medio del peñasco; en efecto, las explicaciones de ambas coincidían. Preguntada por los detalles de la aparición, ¡la joven la describió exactamente igual que su amiga!

En un momento dado, el P. Kehrle pidió que padre e hija se acercaran y empezó a formularles varias preguntas; entre otras, si podía hablar con la Virgen en un idioma extranjero, a lo que Ella contestó afirmativamente. Entonces comenzó a interrogarla en alemán, mientras las niñas le transmitían las respuestas en portugués. Huelga decir que la lengua de Goethe les era totalmente desconocida; no obstante, todas las respuestas fueron lógicas y coherentes.

¿La Imagen es un alma o es Nuestra Señora? Soy la Madre del Cielo.

¿Eres Mater Divinæ Gratiæ? Sí.

¿Cómo se llama el Niño que llevas en brazos? Jesús.

¿Por qué estás aquí? Ha sido Jesús quien me ha puesto aquí.

¿Para qué? Para decir: ¡han de venir tiempos graves!

Siguiendo siempre este insólito procedimiento, el inquisidor descubrió que la Virgen se había manifestado para advertir a la nación de que el comunismo entraría en Brasil si no se hacía penitencia. Las consecuencias serían similares a las de la guerra civil española, que había empezado aquel mismo año. Se derramaría mucha sangre, ¡pero la Iglesia no sería derrotada! Nuestra Señora pedía que se propagara la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y a Ella misma. Quería que se dieran a conocer las apariciones y que los predicadores hablaran de este tema a las ovejas del rebaño de Cristo en ese país. Por último, comunicó que deseaba ser invocada allí como Nuestra Señora de las Gracias.

El sacerdote le dio a entender a la Santísima Virgen que a las autoridades no les iba a gustar ese mensaje ni lo acatarían. Nuestra Señora no respondió… De hecho, no sólo hubo escepticismo respecto al caso de la finca Guarda, sino que además se emprendió una terrible ofensiva para silenciarlo, incluso recurriendo a las fuerzas policiales contra los implicados. El padre de María da Luz llegó a ser detenido.

Muestras de la solicitud de una Madre amorosa

Para confirmar aún más el mensaje celestial, Nuestra Señora hizo brotar, ya en los primeros días de las manifestaciones en Cimbres, un manantial milagroso algo más abajo de la roca donde era vista. Hasta hoy, de ella emana agua con propiedades curativas, tal como prometió la Madre del Cielo.

Resulta curioso que la Virgen María quisiera aparecerse en la Tierra de Santa Cruz, en un remoto peñasco, para hacer la misma advertencia que ya había formulado varias veces en otras apariciones, como, por ejemplo, en Fátima.

Brasil nació tarde a la luz de la civilización cristiana; pese a sus cinco siglos de existencia, es todavía un niño en comparación con las grandes naciones europeas que nos precedieron en la fe y en cuyo suelo brillan las glorias de un pasado colmado de heroísmo. Ahora bien, ¿no es cierto que los niños necesitan una atención especial de la Madre?

Cimbres: ¿un caso aislado?

De hecho, fueron numerosas las muestras de ese desvelo materno. En la primera mitad del siglo xx se registraron noticias de algunas «mariofanías» en suelo brasileño que aluden a Cimbres o guardan relación con lo sucedido allí.

En Río Grande do Sul, en una pequeña localidad cercana a la ciudad de Passo Fundo llamada Leitão, se produjeron en 1944 más de diez apariciones de Nuestra Señora del Rosario a una campesina de 20 años. María Santísima le reiteró el mensaje de Fátima sobre su descontento con las modas inmorales y, como en la finca Guarda, predijo el castigo que estaba a punto de caer sobre Brasil si el pueblo no rezaba ni hacía penitencia. Aún más impresionante fue la respuesta de la Virgen del Rosario a la pregunta de si no dejaría allí un manantial: «Cuando aparecí en Pernambuco, dejé allí un manantial en la roca, pero como no fui bien acogida, ¡me alejé de aquel lugar!». Ahora bien, no parece que la humilde joven de Río Grande do Sul tuviera noticia del manantial milagroso de Cimbres; ¡ni siquiera el sacerdote que la interrogó, que casualmente era natural de Pesqueira, conocía este detalle!3

Cerca de la finca Guarda, en Lagadiço, se yergue el monte de Nuestra Señora, donde en 1937 volvieron a producirse apariciones a cuatro niños, con mensajes idénticos a los registrados por el P. Kehrle y a los de Río Grande do Sul. Uno de los videntes, José, de 12 años, estuvo también en Guarda durante una romería con su madre, y afirmó haber visto a Nuestra Señora al mismo tiempo que las dos niñas; a su vez, María da Luz estuvo en Lagadiço y allí vio a la Santísima Virgen. En esa ocasión, la bondadosa Madre confirmó que se había manifestado en ambos lugares y dijo con gran afecto:

—¿Sabes por qué hablé tan claramente aquí, en esta tierra? ¡Porque encuentro muy poca fe en mi pueblo y porque busco la conversión de todos los pecadores y la salvación de todo mi querido pueblo brasileño!

¡Con cuánto acierto podrían aplicarse esas mismas palabras a todas las naciones de la tierra! ¡Cuántos países han sido agraciados con apariciones discretas, pero profundas, como las de Cimbres! Por otra parte, cuán menguada se halla la fe entre los hombres… No sólo Brasil, sino la humanidad entera necesita conversión.

El mayor testimonio de autenticidad

Algunos años después, María da Luz se hizo religiosa y adoptó el nombre de sor Adélia, en el Instituto de las Religiosas de la Instrucción Cristiana, de Recife. Gracias a la diligencia de esas hermanas, se conservó toda la documentación de la investigación llevada a cabo por el P. José Kehrle acerca de las apariciones, que posteriormente fue organizada con encomiable esfuerzo y publicada por la investigadora Ana Lígia Lira.4

En 2021, Mons. Salles emitió un juicio sobre los acontecimientos de Cimbres. Ante todo, destaca «la constatación, tras un cuidadoso examen de la documentación existente, de que los mensajes relacionados con los sucesos de Aldeia Guarda están en consonancia con la fe cristiana. Desde la primera averiguación, contemporánea a los hechos y minuciosamente documentada, se constata que el contenido de los mensajes no contradice las verdades contenidas en la Sagrada Escritura ni la doctrina de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana».5

Asimismo, el obispo local da cuenta de relatos de gracias obtenidas y de milagros, de un notable aumento en la devoción de los fieles a la Madre de Dios y de la probada rectitud de vida de ambas videntes. Sor Adélia, fallecida en 2013, fue declarada Sierva de Dios y actualmente se encuentra en proceso de beatificación.

Sin embargo, la decisión de escribir el presente artículo no surgió de la lectura acerca de las apariciones en Cimbres. El autor de estas líneas tuvo la oportunidad de experimentar las gracias derramadas en aquel lugar cuando pasó por Pernambuco como misionero y escuchó la historia de boca de los propios habitantes de la región. Más que cualquier documento histórico o investigación, el mayor testimonio de la autenticidad de esas manifestaciones en el sertão nordestino reside sobre todo en el sensus fidei —el sentido de la fe— de cada devoto de María Santísima, que allí experimenta su maternal afecto. 

Notas:


1 Salles, CSsR, José Luiz Ferreira. Segunda Carta Pastoral. A Diocese de Pesqueira e as presumíveis aparições de Nossa Senhora da Graça. Pesqueira: [s. n.], 2021, p. 28.

2 Ibid., pp. 8-9.

3 Las dos videntes de Cimbres y el P. Kehrle tuvieron que guardar silencio sobre lo ocurrido durante unos cincuenta años. Fue en ese período cuando tuvieron lugar las apariciones de Río Grande do Sul.

4 Lira, Ana Lígia. O diário do silêncio. O alerta da Virgem Maria contra o comunismo no Brasil. 4.ª ed. Campinas: Ecclesiae, 2018.

5 Salles, op. cit., p. 37.