Una vez concluido su mandato como diputado,1 el Dr. Plinio se propuso valerse de la gran influencia que aún conservaba entre los católicos y de los demás recursos de que disponía para proseguir con vigor su apostolado.
Uno de esos recursos era el modesto periódico Legionário. Publicado quincenalmente desde 1927 por la parroquia de Santa Cecilia, con el fin de dar a conocer los acontecimientos internos de la comunidad y de la Congregación Mariana local, contaba con la frecuente colaboración del Dr. Plinio desde su incorporación al Movimiento Católico.
En 1933, algunos congregantes le habían pedido que se convirtiera en el director de la hoja parroquial, para que su prestigio de diputado la favoreciera. Accedió sin dificultad. Sin embargo, ocupadísimo con los trabajos de la Cámara, que lo mantenían buena parte del tiempo en Río de Janeiro, resultaba inviable pensar en llevar la dirección efectiva del periódico. Por eso, les dijo:
—Pueden poner mi nombre desde ahora mismo. Cuando deje de ser diputado, empezaré a desempeñar el cargo. Por ahora no es posible hacerlo todo a la vez.
De hecho, finalizado su mandato, asumió la dirección del quincenario, convencido de que esa publicación, en apariencia irrelevante, podría llegar a ser excelente, siempre y cuando formara «un buen equipo de redactores y utilizara adecuadamente el periódico para los objetivos católicos que tenía en mente».2
Pero ¿cómo transformar una simple hojita quincenal, cuyas noticias no iban más allá del ámbito de la vida religiosa de una parroquia de São Paulo, en un semanario de amplios horizontes, capaz, según sus aspiraciones, de influir en la opinión católica de todo Brasil?
Se trataba de ofrecer a los potenciales lectores un punto de referencia hasta entonces inexistente, tanto en el entorno católico como en la prensa en general, mediante un análisis de todos los panoramas y acontecimientos, ya de la esfera religiosa, ya de la temporal, enteramente plasmado por las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia.
Primera tribuna pública del profetismo
Tan pronto como el Dr. Plinio asumió la dirección, el Legionário comenzó a abordar las materias más variadas: desde la política nacional e internacional, sin alinearse con ninguna de las ideologías en boga, hasta la alta apologética, para que los católicos supieran defender con gallardía su fe; pasando por temas de historia universal, desde una perspectiva que no se encontraba en los manuales corrientes, e incluso por cuestiones económicas, sociales o filosóficas que pudieran interesar a la generalidad de los fieles o en las que estuvieran implicadas las grandes pugnas que la Iglesia afrontaba en aquella época.
El Dr. Plinio se propuso abordar este vasto contenido «con un estilo polémico. Escribir con la punta de la espada y mantener una polémica continua más o menos con todo el mundo. […] Era el bombardeo de la Contra-Revolución contra la Revolución».3
Convertido en poco tiempo en un influyente semanario de repercusión internacional, el Legionário pasó a ser la tribuna desde la cual el Dr. Plinio reveló al mundo el singular carisma profético con el que había sido dotado por la Providencia. Con valentía, denunció el peligro nazifascista que se cernía sobre Brasil, para que los católicos no se dejaran engañar por falsas soluciones, y, ya como primer presidente de la Acción Católica de São Paulo, puso al descubierto los incipientes errores que amenazaban con alterar el rostro inmaculado de la Santa Iglesia, ante los cuales nadie había abierto aún los ojos por completo.
Recordemos que la esencia de la misión profética, al contrario de lo que se suele creer, no consiste solamente en hacer vaticinios, sino, sobre todo, en indicar a los hombres los rumbos de la Providencia y en contemplar la visión que Dios tiene de los hechos.4 Como veremos más adelante, ésa es la característica más destacada del profetismo del Dr. Plinio, aunque también hacía predicciones… ¡y cuántas!
Con palabras propias de un verdadero profeta que anticipaba los pasos siguientes de la Revolución, el Dr. Plinio desvelaba al gran público aquello que su discernimiento le hacía ver con claridad, y no dudaba en lanzar pronósticos que se cumplieron muchas veces al pie de la letra, arrancando la etiqueta de irrealizables que cualquier analista les había colocado a priori. Así, el peso de su opinión fue creciendo a los ojos de buenos y malos.
Lo que nadie esperaba… sucedió
Sería imposible ofrecer aquí una lista exhaustiva de tantas predicciones publicadas que acabaron cumpliéndose. No obstante, sirva como muestra una de las profecías que, en sus sucesivos desarrollos, repercutió notablemente por ser del todo improbable su realización en aquella época.
Como incluso hoy en día suele ocurrir, estaba extendida en amplios sectores de opinión la idea de que el nazismo y el comunismo eran ideologías antagónicas e irreconciliables. Contra ese parecer, desde que, en la década de 1930, comenzara el auge del nacionalsocialismo alemán y sus congéneres en otras naciones, el Dr. Plinio siempre señaló una misteriosa identidad de doctrinas en ambos sistemas, sobre todo en relación con el odio inconfesado contra la Iglesia católica, bajo el manto de objetivos aparentemente distintos.
Esta constante denuncia resultó particularmente llamativa cuando, en el primer número de 1939, el Legionário publicó las siguientes líneas: «En el umbral de 1938, cuatro eran las grandes posiciones ideológicas en las que se distribuía la humanidad: catolicismo, liberalismo, comunismo y nazismo. […] Mientras todos los campos se definen, se está gestando un movimiento cada vez más nítido: el de la fusión doctrinal del nazismo con el comunismo. A nuestro juicio, 1939 asistirá a la consumación de esa fusión».5
Quien considerara estas palabras desde el exclusivo prisma del conocimiento natural pensaría, sin exagerar, que el Dr. Plinio en esta ocasión había ido demasiado lejos, arriesgándose a caer en el descrédito. Podía insistir en las afinidades filosóficas entre las dictaduras alemana y rusa, pero la mera hipótesis de una alianza oficial entre nacionalsocialistas y bolcheviques sería tenida por un disparate por cualquier observador.
No en vano recordaba su autor, décadas más tarde, que el artículo provocó un auténtico escándalo entre lectores de las más diversas tendencias. Sin embargo… era un profeta quien hablaba. Al tan hipócrita «desgarro de vestiduras» le siguió, unos meses después, el estupor, pues el pronóstico se confirmó al pie de la letra cuando, en agosto, se firmó el famoso Pacto Ribbentrop-Molotov,6 sorprendiendo a todas las potencias occidentales y dejando desconcertada a la opinión pública en vísperas del estallido de la Segunda Guerra Mundial. La lucidez profética del Dr. Plinio quedó aún más patente por los beneficios que ambas potencias obtenían del insólito tratado. No hace falta decir hasta qué punto todo esto contribuyó al aumento del prestigio del Legionário y de su director entre los lectores.
Así, semana tras semana, el Dr. Plinio analizaba con lupa todo tipo de noticias relacionadas con el conflicto mundial, fijando la lente en matices que nadie percibía y sacando de ahí las conclusiones más audaces, cuyo acierto acabaría confirmándose.
«Qui vivra verra»
Otro ejemplo nos lo ofrece un asunto estrechamente relacionado con el anterior. El Dr. Plinio venía denunciando, desde mucho antes de que estallara la guerra, diversas maniobras en la política inglesa que, a su juicio, buscaban favorecer el entreguismo del Imperio británico ante las embestidas expansionistas del Tercer Reich. No escatimó invectivas contra la nefasta diplomacia pacifista de Neville Chamberlain, que culminó con la vergonzosa firma del Acuerdo de Múnich.7
Consumada esa enorme derrota moral, que fortaleció al nazismo, diversos indicios dejaban claro al Dr. Plinio que en Inglaterra se urdían conspiraciones con vistas a una política colaboracionista con Alemania, y que el éxito de esas intrigas dejaría a toda Europa y, en consecuencia, al mundo, en manos de la ideología neopagana de Hitler.
En medio de este agitado escenario político-bélico, en el que la pieza representada podría cambiar el destino de la humanidad, en mayo de 1941 el avión pilotado por el número dos del régimen nacionalsocialista, Rudolf Hess,8 cayó en suelo británico; un novelesco episodio cuyas motivaciones más profundas siguen envueltas en las brumas del misterio.
En la reseña que escribió en «7 Dias em Revista» comentando ese hecho, el Dr. Plinio no dudó en relacionarlo con las maniobras pronazis mencionadas anteriormente: «El asunto es demasiado confuso, o se ha vuelto demasiado confuso, como para poder formarse una idea clara al respecto. […] Parece indiscutible que el Sr. Hess no “huyó” de Alemania [según la hipótesis defendida oficialmente por el régimen nazi], sino para realizar un viaje con fines esencialmente políticos».9 Con habilidad, el Dr. Plinio también dejaba entrever cómo lo ocurrido venía a corroborar las sospechas mantenidas a lo largo de los meses anteriores, basadas en los escasos datos recopilados de las agencias telegráficas, y planteaba un interrogante en la mente de los lectores.
Conviene subrayar que sólo en las últimas décadas ha comenzado a prevalecer entre los historiadores, como la hipótesis más plausible, aquello que había sido visto a través de la mirada profética del Dr. Plinio sobre un acontecimiento que alteró de manera decisiva el curso de la Segunda Guerra Mundial. Años más tarde, comentaría: «Churchill dijo que nunca tantos debieron tanto a tan pocos, refiriéndose a los aviadores que defendieron Londres [de los ataques aéreos nazis]. Lo cierto es que los campesinos que capturaron a Rudolf Hess y lo llevaron a la minúscula comisaría de policía, donde quedó detenido, podrían figurar en la lista de esos pocos a los que nunca tantos debieron tanto».10
No obstante, lo más sorprendente de todo esto fue la consecuencia que el Dr. Plinio asoció con el apresamiento del heredero de Hitler. Cuando el mundo había asimilado como algo normal la siniestra alianza nazi-comunista, el mismo artículo señalaba un giro inesperado en el horizonte: «Como todos ven, la colaboración germano-rusa está alcanzando su punto álgido, gracias a la intervención activa de Rusia junto a Alemania en la política asiática. El Legionário ya predijo ampliamente todo lo que está ocurriendo. Y, precisamente ahora, cuando esa colaboración parece haber llegado a su cenit, nos permitimos adelantarles una cosa más a nuestros lectores, algo que sin duda los sorprenderá: tal y como están esas relaciones, tan posible es que duren mucho tiempo como que, de repente, Alemania ataque a Rusia. Y todo esto sin que deje de ser perfectamente real la simbiosis nazi-comunista. Qui vivra verra».11
Una vez más, impensables a ojos de cualquier analista político o militar, las palabras del Dr. Plinio alcanzaron una gran repercusión. Apenas había transcurrido un mes cuando la conjetura se hizo realidad: en el momento en que nadie podía esperar la ruptura del Pacto Ribbentrop-Molotov, Alemania emprendió la invasión de Rusia mediante la Operación Barbarroja, introduciendo el conflicto mundial en una nueva y cruelísima fase.
Convocado a dar explicaciones
Tal fue el impacto que produjo el cumplimiento de la predicción hecha en el Legionário, que el entonces arzobispo de São Paulo, Mons. José Gaspar d’Afonseca e Silva, quiso esclarecer el asunto, quizá porque consideraba que el Dr. Plinio estaba demasiado bien informado. Lo convocó al palacio episcopal y, durante la conversación, le preguntó cómo había sabido del hecho antes de que sucediera. Con sencillez, respondió:
—Señor arzobispo, no sé decirlo. Solo sé que la idea me vino al espíritu de forma natural, mientras pensaba. Entiendo que no estaba al alcance de mi inteligencia.
Esta modesta respuesta demuestra cómo el Dr. Plinio tenía cierta noción de los límites de sus cualidades naturales y del alcance del auxilio sobrenatural, lo que, en otras palabras, puede definirse como una gran humildad. Pero, sobre todo, denota una característica propia del don de sabiduría y del carisma de profecía. No siempre el profeta tiene, desde el primer momento, una conciencia clara de que las mociones del Espíritu Santo en su alma corresponden a dones tan elevados. Esto ocurre, según nos enseña Santo Tomás, porque su mente puede ser ilustrada mediante cierto instinto profético y, en este caso, «a veces es incapaz de distinguir adecuadamente si las ha pensado por instinto divino o por su propio espíritu».12
De hecho, el Dr. Plinio hacía estas predicciones no a partir de reglas que él conociera, sino porque, por medio de ese instinto, fijaba la mirada en los acontecimientos y los veía como Dios los ve. Santo Tomás13 es preciso al afirmar que ese conocimiento profético pertenece al género más elevado de conocimiento sobrenatural que el hombre puede poseer sobre la faz de la tierra. Si bien sigue siendo imperfecto en comparación con la visión beatífica, que tiene una dignidad infinita por ser la visión de la esencia de Dios,14 es superior al que se obtiene a través de visiones imaginarias u otros prodigios análogos, a los que se asocia fácilmente la figura del profeta.
A menudo, al realizar tales análisis bajo el influjo del instinto profético, el Dr. Plinio no percibía de inmediato que se trataba de un soplo directo del Espíritu Santo, y atribuía en gran medida a la lógica natural el fluir de sus predicciones. Sin embargo, en el caso narrado anteriormente y en muchos otros, el hecho de que sus acertadas predicciones se confirmaran, así como la reacción de sorpresa de los demás al darse cuenta de que no se trataba de un fenómeno natural, lo llevaban a reflexionar sobre la existencia de una asistencia especial de la gracia, y acababa por reconocerla.
Él mismo lo explicaría muchos años después: «Me daba cuenta de que Nuestra Señora me había dado, en el orden natural, ciertos dones y ciertas dotes naturales, pero que, con frecuencia, el resultado de mi pensamiento iba más allá de lo que mi inteligencia natural podía alcanzar».15 ²
Notas:
1 Nota de la redacción: Mandato ejercido en la Asamblea Legislativa Constituyente de 1933, donde el Dr. Plinio fue el diputado más joven y más votado de todo Brasil.El presente texto ha sido extraído, con ligeras adaptaciones, de: Clá Dias, EP, João Scognamiglio. Plinio Corrêa de Oliveira. Um profeta para os nossos dias. São Paulo: Lumen Sapientiæ, 2017, pp. 124-128; O dom de sabedoria na mente, vida e obra de Plinio Corrêa de Oliveira. Città del Vaticano-São Paulo: LEV; Lumen Sapientiæ, 2016, t. III, pp. 45-53.
2 Corrêa de Oliveira, Plinio. Conferencia. São Paulo, 23/6/1973.
3 Idem. Conferencia. São Paulo, 18/2/1989.
4 «La revelación profética se extiende no sólo a los sucesos futuros de los hombres, sino también a las cosas divinas, tanto por parte de las cosas que se proponen a todos para que las crean, y que pertenecen a la fe, como de los misterios más altos para los más perfectos, que pertenecen a la sabiduría» (Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica. II-II, q. 171, pról.).
5 Corrêa de Oliveira, Plinio. «Entre o passado e o futuro». In: Legionário. São Paulo. Año XII. N.º 329 (1 ene, 1939), p. 2.
6 El Pacto Ribbentrop-Molotov recibió su nombre de sus negociadores, los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Soviética (URSS), Viacheslav Molotov, y de Alemania, Joachim von Ribbentrop. Consistía en un tratado de no agresión entre ambos países, que se comprometían a mantener la neutralidad en caso de que uno de ellos atacara otra nación, a intensificar los intercambios comerciales y a suministrar material bélico a la URSS. El tratado incluía un protocolo secreto que dividía el norte y el este de Europa en esferas de influencia alemana y soviética, un plan que se puso en marcha con la invasión de Polonia por ambas naciones. Fue firmado en Moscú el 23 de agosto de 1939 y estuvo en vigor hasta el 22 de junio de 1941, cuando Alemania invadió la Unión Soviética.
7 Tras la desintegración del Imperio alemán en 1919, unos tres millones de alemanes vivían en el recién constituido Estado de Checoslovaquia, en una zona montañosa denominada los Sudetes. El régimen nazi de Adolf Hitler, en sus pretensiones expansionistas, exigió la anexión de esta región a Alemania. En el Acuerdo de Múnich, las potencias europeas, aplicando la «política de apaciguamiento», cedieron ante las presiones del Führer, confiando así en calmarlo. Con la firma del acuerdo, el 30 de septiembre de 1938, Inglaterra y Francia — traicionando sus alianzas militares con Checoslovaquia— entregaron los Sudetes a Hitler, con la condición de que ésa fuera su última reivindicación territorial. Sin embargo, el líder nazi no cumplió su palabra e invadió toda Checoslovaquia en marzo del año siguiente.
8 Rudolf Hess (1894-1987) fue un alto dirigente alemán, miembro del Consejo de Defensa del Reich y lugarteniente de Hitler. Poco antes de la invasión alemana de la URSS, voló en solitario a Escocia, pero al saltar en paracaídas se fracturó un pie, fue apresado por unos campesinos y entregado a las autoridades, siendo hecho prisionero.
9 Corrêa de Oliveira, Plinio. «7 Dias em Revista». In: Legionário. São Paulo. Año XIV. N.º 453 (18 may, 1941), p. 2.
10 Idem. Conferencia. São Paulo, 13/10/1973.
11 Corrêa de Oliveira, Plinio. «7 Dias em Revista». In: Legionário. São Paulo. Año XIV. N.º 453 (18 may, 1941), p. 2.
12 Santo Tomás de Aquino, op. cit., q. 171, a. 5.
13 Cf. ibid., q. 174, a. 2.
14 Cf. ibid., I, q. 25, a. 6, ad 4.
15 Corrêa de Oliveira, Plinio. Conferencia. São Paulo, 9/3/1991.