Ella sufrió más allá de toda expresión por todo lo que sufrió Jesucristo […]. Lo que hacía sufrir a San Lorenzo era la parrilla ardiente sobre la que estaba tendido; a San Esteban, las piedras con las que fue lapidado; a los confesores de la fe, las prisiones, los potros de tortura, los dientes de las fieras, las garras de hierro, el hambre, la sed. Sin embargo, el amor que sentían por Jesús mitigaba sus penas.

Para María, su verdugo fue el mismo amor ardiente que sentía por el Salvador. […] Las fatigas de Jesús, sus penas, sus tristezas, las persecuciones, las calumnias de las que era objeto, la ingratitud que se ensañaba con Él: Ella las compartió en una medida indecible.

No obstante, lo que la hizo sufrir en sumo grado fue la sangrienta inmolación de su querido Hijo. Fue para Ella el martirio de los martirios.

P. Charles Rolland