Misión con alcance histórico

La Iglesia, presente en el mundo como signo de unidad para toda la familia humana, reconoce en los interrogantes y los desafíos de la época actual el ámbito en el cual ejercer su vocación a la escucha, al diálogo y al servicio, dejándose interpelar por todo lo que concierne a la existencia de los hombres y las mujeres de hoy.

Este entrelazamiento de vida con los pueblos le hace comprender cada vez más que su misión tiene un alcance histórico e implica una responsabilidad respecto a la forma en que se tejen las relaciones sociales. Por ello no puede considerarse ajena a las dinámicas que configuran el rostro de la sociedad. Más bien, participa con compromiso en los caminos a través de los cuales la sociedad misma crece y se organiza, y ofrece su contribución.

León XIV. Magnifica humanitas, 15/5/2026.

Los auténticos reformadores

Miremos la historia del cristianismo, para ver cómo se desarrolla una historia y cómo puede renovarse. En ella podemos ver que los santos, guiados por la luz de Dios, son los auténticos reformadores de la vida de la Iglesia y de la sociedad. Maestros con la palabra y testigos con el ejemplo, saben promover una renovación eclesial estable y profunda, porque ellos mismos están profundamente renovados, están en contacto con la verdadera novedad: la presencia de Dios en el mundo.

Esta consoladora realidad, o sea, que en cada generación nacen santos y traen la creatividad de la renovación, acompaña constantemente la historia de la Iglesia en medio de las tristezas y los aspectos negativos de su camino. De hecho, vemos cómo siglo a siglo nacen también las fuerzas de la reforma y de la renovación, porque la novedad de Dios es inexorable y da siempre nueva fuerza para seguir adelante.

Benedicto XVI. Audiencia general, 13/1/2010.

El Espíritu Santo guía a la Iglesia a través de sus elegidos

En el decurso de la historia, el Señor sigue revelándose a los pequeños y a los humildes, capacitando a sus elegidos, por medio del Espíritu que «todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios» (1 Cor 2, 10), para hablar de las cosas «que Dios nos ha otorgado, no con palabras aprendidas de sabiduría humana, sino aprendidas del Espíritu, expresando realidades espirituales» (1 Cor 2, 12-13).

De este modo el Espíritu Santo guía a la Iglesia hacia la verdad plena, la dota de diversos dones, la embellece con sus frutos, la rejuvenece con la fuerza del Evangelio y la hace capaz de escrutar los signos de los tiempos, para responder cada vez mejor a la voluntad de Dios.

San Juan Pablo II. Divini amoris scientia, 19/10/1997.

El ejemplo de los que nos han precedido

No es raro que en los momentos más críticos, al igual que una ráfaga de viento rompe las nubes y deja ver la estrella que guiará al navegante hasta el puerto, el Señor envíe la inspiración sobrenatural que ha de hacer de un alma la salvación de su pueblo.

Alzad, pues, la mirada, hijos amadísimos, […] y contemplad los grandes ejemplos que os han precedido.

Pío XII. Radiomensaje, 25/6/1956.

Dos fundadores que discernieron los «signos de los tiempos»

Así sucedió también en el siglo xiii con el nacimiento y el extraordinario desarrollo de las órdenes mendicantes: un modelo de gran renovación en una nueva época histórica. […]

De las órdenes mendicantes que surgieron en ese período las más conocidas e importantes son los frailes menores y los frailes predicadores, conocidos como franciscanos y dominicos. Se les llama así por el nombre de sus fundadores, San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán, respectivamente. Estos dos grandes santos tuvieron la capacidad de leer con inteligencia «los signos de los tiempos», intuyendo los desafíos que debía afrontar la Iglesia de su época.

Benedicto XVI. Audiencia general, 13/1/2010.

Auxilio según las vicisitudes del tiempo

Rico en misericordia, Dios nunca faltó a su Iglesia, que milita en este mundo, sino que, según las diversas vicisitudes de las cosas y de los tiempos, le proporciona sabiamente los auxilios oportunos. Mientras en el siglo xvi visitaba con la vara de su furor a los pueblos cristianos y permitía que muchas provincias de Europa se vieran envueltas en las tinieblas de las herejías, que se extendían ampliamente, no queriendo apartar de sí a su pueblo, suscitó providencialmente nuevos luceros de hombres santos, a fin de que, iluminados por su esplendor, los hijos de la Iglesia se confirmaran en la verdad y los propios prevaricadores fueran reconducidos suavemente al amor de ella.

Francisco de Sales, obispo de Ginebra, ejemplo de ínclita santidad y maestro de la verdadera y piadosa doctrina, se contó entre esos preclaros varones: no sólo con su voz, sino también con sus inmortales escritos, traspasó a los monstruos de los errores que se alzaban, consolidó la fe, abatió los vicios, enmendó las costumbres y mostró a todos el camino que conduce al Cielo.

Pío IX.Dives in misericordia, 16/11/1877.

Modelo de fortaleza en medio de las pruebas

Elegida por Dios, una conciencia inquebrantable de su misión y un ardiente anhelo de santidad alimentado por la voluntad de corresponder mejor a su altísima vocación, le permitirán [a Santa Juana de Arco] superar los obstáculos, ignorar los peligros, enfrentarse a los grandes de la tierra, intervenir en los problemas internacionales de su tiempo y transformarse en una capitana revestida de hierro, para lanzarse, terrible, al asalto. […]

Vida larga o corta, triunfo o aparente derrota, solidez de la piedra o fragilidad de una pobre doncella mortal: ¡qué importa! Si existe una verdad inmutable, una fe que no puede desaparecer, el amor a una patria inmortal, el anhelo de una paz que es una exigencia natural del corazón humano, la sed de una justicia que necesariamente prevalecerá en la hora fijada por la historia, en la hora de la reconstrucción, de la rehabilitación y la resurrección. Una ley necesaria, que siempre une el sacrificio al triunfo, la humillación a la gloria, el misterio del Calvario al luminoso amanecer de la Resurrección.

Dichoso el pueblo que lo recuerda, incluso para afrontar, si fuera necesario, el juicio de los hombres, como Juana supo hacerlo con una constancia admirable y una serenidad inquebrantable; para no rechazar el sacrificio, que vio venir sin temor a nadie y con una energía maravillosa; para mantenerse siempre fiel a su vocación, especialmente en los momentos más difíciles. Juana de Arco se presenta así a los cristianos de nuestro tiempo como un modelo de sólida fe operante, de docilidad a una altísima misión, de fortaleza en medio de las pruebas.

Pío XII. Radiomensaje, 25/6/1956.

Maestra para nuestro tiempo

Entre los pequeños, a los que han sido revelados de manera muy especial los secretos del Reino, resplandece Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz. […]

A pesar de los cambios que se producen en el decurso de la historia y de las repercusiones que suelen tener en la vida y en el pensamiento de los hombres de las diversas épocas, no debemos perder de vista la continuidad que une entre sí a los Doctores de la Iglesia: en cualquier contexto histórico, siguen siendo testigos del Evangelio que no cambia y, con la luz y la fuerza que les viene del Espíritu, se hacen sus mensajeros, volviendo a anunciarlo en su integridad a sus contemporáneos.

Teresa es maestra para nuestro tiempo, sediento de palabras vivas y esenciales, de testimonios heroicos y creíbles.

San Juan Pablo II. Divini amoris scientia, 19/10/1997.