Desde la elevación de Benedicto XVI al solio pontificio Mons. João discernió en su persona a un varón providencial para nuestros días.

Así pues, se empeñó en seguir el rumbo marcado por Su Santidad, deseoso de ponerse a su servicio, y en inculcar en los que estaban bajo su orientación un amor entusiasmado por el Santo Padre y un filial acatamiento a su magisterio.

Por su parte, Benedicto XVI acogió paternalmente el carisma puesto por el Espíritu Santo en el alma del fundador de los Heraldos del Evangelio y concedió la aprobación pontificia de las dos sociedades de vida apostólica nacidas en el seno de esa institución.

También le confirió a Mons. João el canonicato de la basílica papal de Santa María la Mayor y la medalla Pro Ecclesia et Pontifice, en reconocimiento por sus servicios a la Santa Iglesia.

E incluso después de su renuncia al ejercicio activo del ministerio petrino, continúa acompañando a Mons. João con su apoyo y oraciones, como lo manifestó en recientes visitas que le hicieron algunos sacerdotes heraldos, en nombre de su padre y fundador.

Sin embargo, la causa más elevada de ese estrecho vínculo existente entre ambos quizá aún esté por ser comprendida en su plenitud, como así lo expresa Mons. João en una carta dirigida al Papa Benedicto, fechada en noviembre de 2018:

Por alguna razón misteriosa —tal vez vos lo sepáis discernir mejor— me siento íntimamente unido a vos, en mi propia misión y vocación.

Por eso rezo incesantemente por Vuestra Santidad, pues es como si, de alguna forma, rezara por mí mismo. Quizá el futuro esclarezca mejor este sentimiento interior mío”.