Algunos religiosos pidieron al P. Maximiliano un plan semanal de índole espiritual para proceder como esclavos de la Inmaculada. Y les respondió amablemente, remachando siempre la misma verdad:

«Todo programa tiene ciertamente sus límites; pero no los debe tener el plan que me pedís.

»Procuremos ser hijos, siervos y esclavos, y todo, todo, todo de María. En una palabra: suyos bajo todo punto de vista, y cada vez más suyos. ¿Cómo conseguirlo?

»Recordaremos que la esencia de la entrega y de la consagración total no es el sentimiento, ni tampoco la memoria, sino la voluntad. Si alguno no siente, pues, la dulzura de estarse con Ella —aunque me parece que esto no sucede de ordinario— y ni siquiera se acuerda de Ella, piensa en Ella, si no retira la propia donación, si la renueva, esté tranquilo; porque reina en su corazón. Podemos controlar fácilmente la voluntad. Por eso debemos procurar que se conforme siempre a su voluntad y que la cumpla siempre lo más perfectamente.

»Eso es todo…

»Para conocer nuestra dependencia de Ella, como un niño, es necesario abrazarse a sus rodillas, como los niños a las de su propia madre.

»Que el espíritu de la Inmaculada sea cada vez más profundo».

RICCIARDI, OFM Conv, Antonio, Un hombre fuera de serie. 2.ª ed. Madrid: Testimonio, 2008, p. 178.