Hijo mío, soy la Madre de la misericordia, con un corazón siempre lleno de compasión; soy la misteriosa escalera de los pecadores, soy la esperanza y el perdón de los culpables, soy el consuelo de las almas afligidas, soy la alegría y el gozo de los bienaventurados.
Venid a mí, todos los que me amáis; venid y seréis colmados de mis consolaciones. Venid, porque tengo piedad de todos los que me invocan; ¡venid a mí! Venid todos, justos y pecadores; venid, rogaré por vosotros a Dios Padre; rogaré también al Hijo eterno, mi Hijo, para que os perdone a todos por medio del Espíritu Santo.