«Si una mañana me encontraras muerta, no te entristezcas: es simplemente que Papá el buen Dios habrá venido a buscarme. Sin duda, es una gracia muy grande recibir los sacramentos; pero cuando el buen Dios no lo permite, sigue estando bien; todo es gracia».1 Estas palabras de Santa Teresa del Niño Jesús, pronunciadas cuatro meses antes de su muerte, arrojan luz sobre uno de los mayores misterios de la vida cristiana. En efecto, para el hombre bautizado no existe el destino, ni los augurios, ni la suerte o el azar. Lo que existe más bien es la Providencia …