Guardad, verted en el seno y corazón de María todos vuestros tesoros, todas vuestras gracias y virtudes; él es un vaso espiritual, un vaso de honor, un vaso insigne de devoción.
Desde que se encerró en él el mismo Dios en persona con todas sus perfecciones, este vaso se ha hecho todo espiritual, y se ha convertido en la mansión espiritual de las almas más espirituales; se ha hecho honorable y el trono de honor de los mayores príncipes de la eternidad; se ha hecho insigne en devoción, y la mansión más insigne en dulzuras, en gracias y en virtudes; se ha hecho, finalmente, rico como una casa de oro, fuerte como la torre de David y puro como torre de marfil.
¡Qué feliz es el hombre que todo lo ha entregado a María, que en todo y por todo se confía y se pierde en María! Él es todo de María, y María es toda de él.
San Luis María Grignion de Montfort