San Juan Bautista de La Salle - Basílica de San Pedro, VaticanoLa pila bautismal de Francia, cuna de Juan Bautista
Entre las numerosas glorias de la ciudad francesa de Reims, se encuentra el hecho de haber asistido al nacimiento de un nuevo Juan Bautista, el 30 de abril de 1651. Este lugar, que se había convertido en la pila bautismal de Francia cuando Clodoveo recibió allí el primero de los sacramentos, en torno al año 498, y en el sustento de la fe francesa cuando Santa Juana de Arco vio coronado a Carlos VII en 1429, también sirvió de cuna para el varón que bautizaría «en el Espíritu Santo» (Mc 1, 8) a innumerables niños franceses en los turbulentos siglos que siguieron. Juan Bautista, hijo primogénito de Luis de La Salle y Nicolasa Moët, tuvo una infancia marcada por la cálida vida de familia, por la piedad y por el estudio. Sus principales diversiones consistían en construir oratorios e imitar los ritos sagrados, en un ambiente doméstico caracterizado por la ternura de sus padres y la vivacidad de sus hermanos. Como alumno, se desenvolvió brillantemente.Canónigo de Reims y estudiante de Teología
La prominencia del joven en el mundo académico le permitió convertirse, desde muy joven, en canónigo de Reims. El domingo de Pascua de 1666 se celebró en su colegio un concurso de literatura y entrega de premios, en el que actuó magistralmente. Su ingenio llamó la atención de Pedro Dozet, secretario y canónigo de Reims, ya anciano, lo que le llevó a cederle su canonjía cuando el santo tenía 15 años y acababa de recibir la tonsura. Se trataba de un cargo prestigioso, aunque muy oneroso. Al pertenecer al cabildo, se veía obligado a participar en la oración coral: tres largos períodos de oración oficial en nombre de la Iglesia. Su condición de estudiante lo eximía de este deber la mayoría de los días, pero no de asistir a varias reuniones administrativas, estar presente en procesiones y desempeñar otras funciones.
Catedral de Reims en 1722, por Pierre-Denis Martin - Museo Nacional del palacio de Versalles y Trianón (Francia)Un llamamiento visto con nitidez
En aquel período histórico, gran parte del clero se hallaba contaminado de cierta tibieza y relajamiento en el compromiso apostólico, buscando destacar junto a nobles y acaudalados, mientras dejaban de lado a las clases humildes. Como resultado, multitudes de niños carecían de cualquier formación religiosa. Como contrapartida, en algunas ciudades francesas se inició un movimiento para fundar escuelas de caridad dedicadas a esos pequeños, en particular pobres y huérfanos. El responsable de dicha iniciativa, Adrián Nyel, fue a Reims con el objetivo de organizar allí un establecimiento similar; y al oír los rumores acerca de las virtudes del joven canónigo decidió pedirle su ayuda. El P. De La Salle, tras unirse a esta tarea, no tardó en darse cuenta del carácter superficial de su compañero, que lo llevaba a vagar por Francia en busca de nuevas fundaciones sin haber cimentado debidamente las ya iniciadas. Aquella incipiente obra se asemejaba a una semilla que había caído a la vera del camino. Nyel era el pájaro que la cogió, la llevó hasta el terreno que Dios había determinado y siguió su caprichoso recorrido por el aire… Mientras tanto, el espíritu profundo del santo constató la necesidad de proporcionarles una sólida formación religiosa a los maestros, antes de lanzarse a proyectos que no podrían sustentar. A partir de esa moción de la gracia y después de muchas oraciones, el P. De La Salle comenzó a trazar los primeros esbozos de la osada empresa que percibió ser su vocación: fundar una Orden religiosa. Aun así, la Providencia todavía no quería depositar el grano en tierra fértil. Antes tenía que desarrollarse en terreno pedregoso…Constitución de la congregación religiosa
Tras un breve período de vida comunitaria con un incipiente grupo de discípulos, surgieron las primeras desavenencias y discordias. Le cupo al fundador pasar la criba en ese conjunto, pues notó que muchos de los que se habían adherido a su proyecto sólo pretendían pertenecer a un cuerpo docente y nunca se les había pasado por la cabeza abrazar una vocación religiosa.
San Juan Bautista de La Salle reparte sus bienes entre los pobres, por G. GagliardiExpansión y persecuciones
Después de que se instituyera el hábito propio, se definiera el nombre de Hermanos de las Escuelas Cristianas y se establecieran los primeros reglamentos, la obra empezaba claramente a expandirse, conquistada a costa de grandes sufrimientos. De hecho, al salir de la tierra, el retoño aún no vería la luz sino detrás de los espinos. Tendría que hacerles frente para que la savia adquiriera vigor y estabilidad. Con la fama de las escuelas gratuitas, los maestros laicos se sintieron perjudicados, pues algunas familias que sólo podían permitirse con mucho esfuerzo mantener a sus hijos en establecimientos educativos convencionales preferían trasladarlos a instituciones caritativas, lo cual les hacía perder cada vez más alumnos. El problema llegó a generar varios pleitos contra los Hermanos de las Escuelas Cristianas, a los cuales tuvo que responder el fundador pacientemente. Mientras tanto, la obra iba desarrollándose: en 1691 se organizaron dos grandes retiros; en 1692 se fundó el noviciado; en 1694 se emitieron los primeros votos perpetuos y se definió la Regla. La institución comenzaba a tener aire de una pujante congregación religiosa, pero esto no agradó a todos… En 1702, algunos hermanos adoptaron imprudentemente actitudes demasiado severas al castigar a los novicios, gesto que llevó a ciertos clérigos, contrarios a San Juan Bautista de La Salle, a afirmar que los castigos habían sido infligidos por orientación del santo. Movido por los detractores, el cardenal Louis Antoine de Noailles tomó la deliberación de apartarlo del cargo de superior y sustituirlo por un clérigo ajeno al carisma fundacional. El fundador fue informado de que estaba exiliado y se le ordenó que convocara a todos los hermanos de París a una asamblea, en la que serían puestos al corriente de las nuevas medidas.
Haciendo los votos con los primeros hermanos, por G. GagliardiÚltimas luchas
En 1717 se convocó el segundo Capítulo General, en el que, a petición del fundador, se nombró oficialmente al primer superior general —el Hno. Bartolomé— y se procedió a la revisión de la Regla inicial. En esa ocasión, la comunidad alcanzaba su madurez: «Tenía hábito singular; afirmaba su laicidad toral; profesaba tres votos perpetuos; disponía de Reglas adecuadas; declaraba su campo de apostolado eclesial la educación integral, mediante la escuela cristiana; consideraba indispensable la gratuidad total; tenía su jerarquía».2 A partir de entonces, el fundador permanecería recluido en Saint-Yon, actuando como confesor de la comunidad y totalmente obediente al superior constituido. A medida que su salud física se marchitaba día a día, su alma lo hacía cada vez más semejante a los ángeles. La semilla ya se encontraba en tierra fértil, los peñascos habían sido rotos y los espinos, vencidos; no obstante, para que los frutos florecieran, el grano tenía que morir… A fin de que llegara hasta la cima del calvario, el santo recibió, días antes de su muerte y cuando ya casi no tenía fuerzas, a un enviado del arzobispo del lugar, quien le informó de que estaba suspendido del uso de órdenes y, en consecuencia, prohibido incluso de confesar a los hermanos. No parece descabellado pensar que la medida se debía a viejas o nuevas calumnias... Sin queja alguna, San Juan Bautista de La Salle tragó el cáliz amargo.
Recibiendo la visita del arzobispo de Ruan, por G. GagliardiObra «post mortem»
Comenzaba entonces la glorificación del santo: en 1724 los Hermanos de las Escuelas Cristianas recibieron la sanción civil y al año siguiente la aprobación pontificia, tan deseada por el fundador en vida, de manos del Papa Benedicto XIII; en 1888 León XIII lo beatificó; en 1900 fue canonizado por el mismo pontífice; en 1950 Pío XII lo proclamó Patrón de los Educadores. El instituto, fundado sobre roca sólida y regado con la sangre del fundador, dio mucho más que el ciento por uno. Después de atravesar las veredas más arduas —lo suprimieron durante la Revolución francesa; en 1904 fue prácticamente expulsado de suelo francés; la persecución religiosa en España se cobró la vida de 165 hermanos—, hoy día cuenta con miles de miembros, repartidos por los cinco continentes. De hecho, las almas que han encontrado el camino del Cielo gracias a la obra de los lasalianos —verdadero Jordán de la gracia, en cuyas aguas un nuevo Juan Bautista glorificó a Cristo— son incontables. ◊Notas
1 GALLEGO, Saturnino. Vida y pensamiento de San Juan Bautista de La Salle. Madrid: BAC, 1986, v. I, p. 362.
2 Ídem, p. 552.