San Bernardo de Menthon fundó a mediados del siglo xi la Congregación Hospitalaria del Gran San Bernardo, compuesta por canónigos regulares, con el propósito de establecer un monasterio y hospederías para los peregrinos que cruzaban los Alpes por el peligroso desfiladero entre Valais (Suiza) y el valle de Aosta (Italia).
Entre 1660 y 1670, los canónigos comenzaron a utilizar mastines alpinos como perros de guarda y compañía. Con el tiempo, se dieron cuenta de que dichos canes podían detectar por el olfato a personas sepultadas bajo la nieve y, cuando esto ocurría, regresaban al monasterio para alertar a los religiosos.
Más tarde, el sistema de rescate se organizó tan bien que, entre 1790 y 1810, Napoleón y doscientos cincuenta mil soldados cruzaron el mencionado paso de los Alpes, hoy conocido como San Bernardo, sin sufrir ninguna baja. Uno de los perros, Barry, llegó a rescatar, a principios del siglo xix, a más de cuarenta personas. Se ha documentado que, hasta finales de ese siglo, los perros cuidados por los monjes habrían salvado más de dos mil vidas.
En la década de 1880, para rendir homenaje al fundador de aquel centro de acogida de peregrinos, el nombre de la raza canina se estandarizó como San Bernardo. Ya en 1923, Pío XI proclamó al santo de Menthon patrón de los alpinistas.