En la primera comunidad de fieles de Jerusalén, la liturgia probablemente se celebraba en arameo, mientras que el hebreo estaba reservado para la lectura de la Sagrada Escritura. Tras la caída de la Ciudad Santa en el año 70 y la expansión de la Iglesia por el Imperio romano, el griego koiné se convirtió en la lengua franca entre los cristianos.
En los siglos iii y iv, la lengua griega perdió prestigio debido al debilitamiento de la influencia de Oriente en la Iglesia. Por otra parte, los documentos eclesiásticos oficiales empezaron a redactarse en latín, como las cartas del papa San Cornelio a San Cipriano de Cartago, alrededor del año 250.
El empleo del latín en la liturgia fue lento y progresivo. Su preponderancia creció con la Biblia Vulgata, versión encargada por el papa San Dámaso I a San Jerónimo.
Con la caída del Imperio romano de Occidente en el 476, el latín clásico perdió relevancia, aunque permaneció en la liturgia y en los documentos oficiales. El llamado latín eclesiástico continuó como lengua franca en Occidente durante toda la Edad Media, no sólo en los escritos eclesiásticos, sino también en los seculares, coexistiendo con las lenguas neolatinas.
A pesar del declive de la enseñanza y del uso de la lengua latina en el siglo xx, ésta sigue siendo «la lengua viva de la Iglesia» (San Juan XXIII. Veterum sapientia: AAS 54 [1962], 134) y la lengua oficial del rito latino, según lo prescribe el Concilio Vaticano II, aunque, por razones pastorales, se le puede dar mayor cabida a la lengua vernácula (cf. Sacrosanctum Concilium, n.º 36).
El nuevo Reglamento General de la Curia Romana, promulgado por León XIV en noviembre de 2025, sigue estableciendo que, por lo común, sus documentos sean redactados «en lengua latina o en otra lengua» (art. 50, §1).
Por último, dado que el latín no pertenece a ninguna nacionalidad, expresa mejor la universalidad de la Iglesia. Y al no ser la lengua materna de nadie, es inmune a las mutaciones naturales de los idiomas en uso. Paradójicamente, al ser «muerta», se ha vuelto inmortal.