Al concluir su lectura, es inevitable que deseemos encontrarnos con un desenlace. Enseguida surgen en nuestras mentes las siguientes preguntas: «¿Se habrá dicho todo respecto al Dr. Plinio? ¿Se han delineado completamente sus rasgos? ¿Se han comprendido íntegramente su vocación y su papel en la historia?». Quizá un lector poco avisado se incline por una respuesta afirmativa. Sin embargo, quien ha tratado con el Dr. Plinio tiene una opinión diferente…¿Se habrá dicho todo respecto al Dr. Plinio, su espíritu y su vocación…? Los que lo conocieron pueden afirmar con certeza que no
Torre cuya punta se pierde en el cielo
Aunque la presente publicación ofrece una idea de quién fue, al destacar los múltiples aspectos de su alma, se constata que es muy difícil conseguir una noción completa de la vocación y del espíritu de un varón que, a los 60 años, pudo afirmar que la extensión de sus memorias llenaría una obra de ¡más de cien volúmenes!2 Ni el insigne don de profetismo y discernimiento de los espíritus por el que podía ver las almas, penetrar a distancia en las situaciones o describir un país en el que nunca había estado; ni su personalidad enérgica, espléndidamente corajosa y representativa de la grandeza de Dios; ni siquiera su paternal bondad, que atraía a sí a numerosos hijos: nada de esto lo retrata por entero.
Una misión por cumplir
Sin embargo, no es sólo por la amplitud y riqueza de sus predicados por lo que resulta arduo presentar la imagen completa del Dr. Plinio. Hay otra razón mucho más profunda, basada en el hecho de que su misión providencial aún no se ha realizado en la tierra. Lejos de apreciarlo como un personaje del pasado, cuya carrera se consumó el 3 de octubre de 1995, es necesario considerarlo en estrecha relación con el desarrollo actual de los acontecimientos.¡Cuántos hombres pasan por la vida como hojas de un árbol que, al secarse, son arrastradas por el viento, y cuyo recuerdo no perdura! Existe, no obstante, un principio difundido a lo largo de la historia en lo referente a los valores espirituales: siempre que un hombre asistido por singulares dones del Espíritu Santo y distinguido por una vocación especial parece extinguirse en el ostracismo, en cierto momento los obstáculos levantados por sus enemigos, para ocultar la belleza y la grandeza de su persona, ya no se sustentan más. Ni las persecuciones, ni las campañas de calumnias o el silencio de los adversarios, ni el olvido de algunos de entre sus más cercanos, ni siquiera la muerte o el granito de una tumba son capaces de impedir que su luz brille, imponiéndose así a las tinieblas…Las persecuciones, las calumnias, el olvido, incluso la muerte o la piedra de la tumba no son capaces de impedir que su luz brille
¡Su luz brillará para toda la humanidad!
Tales eran mis cogitaciones los días previos al fallecimiento del Dr. Plinio y, especialmente, durante su funeral, al sentir el abandono en el que partía, olvidado y rechazado por muchos, hasta tal punto que ninguna autoridad eclesiástica, civil o militar acudió a rendirle su último homenaje. Fue enterrado únicamente por sus hijos.
Dios y sus elegidos no mueren
A partir de aquellos días, me pasó algo similar a lo ocurrido con ocasión del fallecimiento de Dña. Lucilia: me costaba acostumbrarme a la idea de que el Dr. Plinio había muerto. Lo sentía vivo, constantemente a mi alcance; ya no como antes, cuando lo conducía en su silla de ruedas, sino precediéndome en los caminos y como que andando de espaldas, de manera a promover un intercambio de miradas.Además, percibía una acción cada vez más intensa del espíritu del Dr. Plinio actuando en mi interior, difícil de expresar con palabras. Tan estrecha había sido mi unión con él, que ahora desde la eternidad, por un verdadero fenómeno místico, se acentuaba su presencia en lo más íntimo de mi corazón. Por otro lado, a medida que pasaba el tiempo, esa inspiración sobrenatural se mantenía también en los demás seguidores suyos, unidos en el entusiasmo y en la fidelidad a su maestro. Su figura permanecía viva en la memoria de todos y, desde el Cielo, era un canal de santidad para sus discípulos.Tan estrecha era la unión de alma con el Dr. Plinio que, desde la eternidad, se acentuaba su presencia en lo más íntimo del corazón de Mons. João
Primeros albores del Reino de María
El Dr. Plinio pasó toda su existencia anhelando el Reino de María; reino profetizado por San Luis María Grignion de Montfort y anunciado por la Santísima Virgen a los tres pastorcitos en Fátima; reino vislumbrado por él ya en su adolescencia y objeto continuo de su contemplación embelesada; reino en el que, por fin, los frutos de la preciosísima sangre de Nuestro Señor Jesucristo y de las lágrimas de María se harán plenamente efectivos sobre la faz de la tierra.Sin embargo, la Providencia quiso llevárselo de esta vida antes de que pudiera comprobar con los ojos de la carne la realización de la promesa… Sin duda, la verá con los ojos del alma desde la perspectiva de la eternidad, y su misión se cumplirá, tal y como siempre esperó, por medio de sus hijos espirituales. En determinado momento, por la ley de la historia habrá una manifestación gloriosa por parte de Dios. La Revolución, denunciada por el Dr. Plinio a lo largo de tantos años, será humillada, condenada y derrotada, y la Iglesia reflorecerá con una belleza, una luz y un vigor totalmente inéditos.Su espíritu sigue vivo y continuará inmortal en las almas en las que fue plantada una semilla de profetismo, participativa de su propio carisma
Notas
1 El presente artículo es una transcripción del capítulo conclusivo de la obra, en cinco volúmenes, escrita por Mons. João sobre el Dr. Plinio (cf. O dom de sabedoria na vida, mente e obra de Plinio Corrêa de Oliveira. Ciudad del Vaticano-São Paulo: LEV; Lumen Sapientiæ, 2016, t. v, pp. 479-486). Con ligeras adaptaciones que pretenden hacerlo más accesible al lector, el texto se presta perfectamente como colofón de esta edición de nuestra revista dedicada a ese ilustre líder católico.
2 Cf. Clá Dias, ep, João Scognamiglio. O dom de sabedoria na mente, vida a obra de Plinio Corrêa de Oliveira. Città del Vaticano-São Paulo: LEV; Lumen Sapientiæ, 2016, t. i, p. 29.
3 Gálvez, Manuel. Vida de Don Gabriel García Moreno. Madrid: González, 1945, p. 480.