La liturgia del Domingo de Ramos, con su procesión y misa, nos presenta dos evangelios en los que se confrontan la gloria y la pasión de Cristo, invitándonos a meditar estos altos misterios como preparación al triduo pascual.
El Señor elige la Ciudad Santa como escenario de los dramáticos episodios de la Redención: «¡Alégrate, Jerusalén! Mira que viene tu rey, justo y triunfador, pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna» (Zac 9, 9). Allí, Jesús es recibido y aclamado al son de cantos y alabanzas: «¡Hosanna —redención, en hebreo1— al Hijo de …