La fama de Juan el Bautista había marcado la historia de Israel y la opinión pública aún estaba bajo el efecto producido por aquel hombre poco común, que se alimentaba de saltamontes y miel silvestre, vestido con piel de camello y cinturón de cuero. La Providencia había distribuido gracias en torno a su figura y circulaban numerosos comentarios sobre él, entre los que predominaba la idea de que era el Mesías, o alguien muy vinculado a éste, dotado de poderes extraordinarios.

Pero si tanto impacto había causado Juan, simplemente bautizando y sin haber hecho ningún milagro, ¿qué entusiasmo suscitaba Nuestro …