«Si mi madre es como es, [Nuestra Señora], que es la Madre de las madres, la Madre de toda la humanidad, ¡ni siquiera sé cómo puede ser!»,1 comentó en varias ocasiones el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, al hablar de Dña. Lucilia y de cómo su afecto ilimitado y su protección fueron para él un vivo estímulo a la devoción a María Santísima y a la confianza en su auxilio.
En nuestros días, como haciéndose eco de su voz, cientos de personas también constatan cómo la bondad de Dña. Lucilia nos acerca al Inmaculado Corazón de María y nos obtiene de ese Corazón lo que necesitamos en cada momento.
«Doña Lucilia soluciona estos problemas»
Corroborando estas palabras, Ariady Coneglian se alegró al verse atendida en una necesidad cotidiana, lo que la llevó a concluir: «Me di cuenta de que Dña. Lucilia tiene la particularidad de conseguirnos las gracias que son necesarias en el día a día».
En efecto, Ariady trabaja en una escuela confesional católica, situada en el municipio de Ubiratã (Paraná, Brasil). «Se trata de una institución sin ánimo de lucro —explica ella— y gran parte de lo que conseguimos es fruto de donativos.
A finales del año pasado, obtuvimos una autorización del Ministerio de Cultura por la que las personas pueden donarnos una parte del impuesto sobre la renta. Sin embargo, estábamos teniendo muchos problemas para que la cuenta bancaria abierta para ese fin pudiera recibir los fondos.
¡Me vi obligada a ir siete veces al banco! Y, cada vez, surgía un nuevo problema: ora faltaba un documento, ora la firma no era válida… Finalmente, cuando la cuenta quedó habilitada, la gente no conseguía hacer su donativo.
Así que, tras quince días intentando resolver los problemas, llegué a decir: “¡Me doy por vencida, porque esto no está funcionando!”».
Fue entonces cuando la directora de la institución, muy devota de Dña. Lucilia, le sugirió: «Ariady, rézale a Dña. Lucilia, porque hay muchos testimonios de que ella soluciona ese tipo de problemas».
No hizo falta repetir el consejo, tal y como ella nos cuenta: «Dejé lo que estaba haciendo, me senté frente al ordenador y recé: “¡Doña Lucilia, ayúdeme! ¡Necesito resolver el asunto de esta cuenta!”».
Tras esa oración, Ariady continuó con su trabajo y, al cabo de unos minutos, le vino a la mente una operación que ya había intentado realizar varias veces, sin éxito, en el portal online del banco.
Aunque ya había desistido de esa transacción, se sintió inspirada a intentarlo de nuevo: «Entré en la página web y, con dos clics, resolví el problema, cuando antes había estado mucho tiempo intentándolo y no había conseguido nada.
Minutos después, una compañera, que tenía la misma dificultad para autorizar los donativos por otro medio —porque hay varias maneras de hacerlo— también lo logró, lo cual para nosotras fue una gracia.
Claro, una gracia pequeña comparada con otras situaciones más dramáticas de la vida, pero nos ayudó mucho. Fue un consuelo de Dios muy grande. Y sé que fue por la intercesión de Dña. Lucilia, porque le pedí específicamente eso a ella».
Muy contenta por el resultado de su oración, Ariady envió su testimonio como una forma de agradecer y dar a conocer esta sencilla gracia recibida.
Combatiendo el fuego, bajo la protección celestial
También en el estado de Paraná, esta vez en la ciudad de Ponta Grossa, Dña. Lucilia socorrió a Mylena Ferreira Campos en un incidente doméstico que podría haber acabado en tragedia.
Mylena, madre de cuatro hijos pequeños, tiene la costumbre de invocar la protección y la ayuda de Dña. Lucilia en medio de los quehaceres diarios para poder desempeñar bien las tareas del hogar.
Un día, mientras arreglaba a sus hijos por la mañana, necesitó ir a una determinada habitación de la casa a coger un objeto y se encontró con un conato de incendio en el pasillo…
De hecho, hacía unos días que un cuadro eléctrico parecía estar averiado, desprendiendo a veces un fuerte olor a quemado, hasta que finalmente acabó entrando en combustión.
Mylena se dio cuenta de que el fuego ardía en la tapa de plástico del cuadro y que una parte de ella, ya consumida, había caído al suelo. Las llamas crecían rápidamente y había que actuar.
Así contaba lo sucedido: «Miré a mi alrededor y vi que la lavadora estaba funcionando. El frigorífico de la cocina también funcionaba. Había luz en el salón como de costumbre… Entonces pensé: “Dios mío, ¿y ahora qué? ¿Qué voy a hacer para apagar este fuego? Necesitaría un trapo grande, pero no tengo nada a mano…”».
Llevada por el susto, la única idea que se le ocurrió en ese momento fue usar agua. No obstante, se trataba de un incendio eléctrico y los líquidos no hacen más que avivar ese tipo de llamas, además de servir como peligroso conductor de la electricidad…
Sin embargo, mientras Mylena luchaba contra las llamas, se acordó de pedir auxilio a Dña. Lucilia: «Puse agua en una cacerola y empecé a apagar el fuego, primero el que estaba abajo.
Y cada vez que arrojaba agua, pedía: “¡Doña Lucilia, madre nuestra, ayúdanos!”. El fuego del suelo y de la pared se apagó.
Quedaba el cuadro eléctrico y los interruptores automáticos, que aún ardían en llamas. De nuevo, pedí: “¡Doña Lucilia, madre nuestra, ayúdanos!”. Y eché agua. El fuego se apagó al instante».
No se produjo ningún cortocircuito ni se avivaron las llamas; y ninguno de los electrodomésticos, entre los muchos que estaban conectados a los enchufes, se quemó. Para Mylena, que sólo después cayó en la cuenta de lo que había hecho, el buen resultado de sus esfuerzos se debió a la protección y a la incesante ayuda de su bondadosa intercesora, Dña. Lucilia.
«Ella será su madre protectora»
Como un regalo del Cielo, Eddy Marcano conoció a Dña. Lucilia en Houston (Estados Unidos), donde reside, y encontró en ella una «madre incondicional», según sus propias palabras.
En 2021, tras recibir el sacramento de la penitencia, su confesor le entregó una fotografía de Dña. Lucilia junto con este consejo: «Ella será ahora su madre protectora». Desde entonces, explicó que había adquirido «una devoción y una conexión increíbles con Dña. Lucilia».
En aquella época, Eddy, nacido en Venezuela, estaba intentando obtener la residencia en Estados Unidos, pero se topó con un obstáculo casi insuperable, tal y como él cuenta: «Yo no tenía mi partida de nacimiento venezolana.
Ese documento nunca existió para mí, porque el lugar donde se registraban las partidas de nacimiento se había incendiado. Mi familia siempre tuvo un documento oficial con mis datos de identificación personal que probaba eso, pero para poder seguir adelante con el trámite de residencia era obligatorio tener la partida de nacimiento».
Sin otra salida, decidió recurrir al auxilio sobrenatural: «Le encomendé este proceso a Dña. Lucilia, pidiéndole que me ayudara a conseguir una partida de nacimiento que nunca había tenido.
Y, “milagrosamente”, por primera vez en mi vida, encontraron una partida de nacimiento mía en Maracaibo, en Venezuela, gracias a las gestiones realizadas por una persona experta en estos asuntos. De inmediato reconocí que se trataba de un “milagro” de Dña. Lucilia, ya que le había confiado a ella este caso».
Pero aún quedaban otras dificultades por superar hasta el final del proceso, una de ellas de carácter económico, pues Eddy estaba lejos de disponer de la cantidad necesaria para completar el trámite de residencia. «Una vez más, le pedí a Dña. Lucilia que me ayudara, porque nuestro futuro en Estados Unidos dependía de ello.
No habían pasado ni dos horas cuando sentí la inspiración de llamar por teléfono a una persona muy amiga de mi familia, pues algo me decía: “Llámala, ella te va a ayudar”. Y eso fue lo que hice: llamé a esa persona y le expliqué lo que estaba pasando.
Al final de la conversación, me prometió: “Dígame cuánto necesita, que yo cubriré todos los gastos inmediatamente”. Comencé a llorar de alegría al darme cuenta de que estaba bajo la protección de una madre incondicional, que nos guiaba y nos bendecía con muchas gracias».
Como una última sonrisa de Dña. Lucilia para ese caso, a Eddy le aprobaron su solicitud de residencia en menos de tres meses, ¡cuando le habían dicho que tardaría al menos dos años!
Inexplicable movimiento de un retrato
La protección de Dña. Lucilia enseguida se convirtió en algo frecuente en la vida de Eddy, manifestándose a veces incluso antes de que él la invocara, como se puede observar en el siguiente hecho.
Violinista de profesión, también imparte clases de violín. En el salón donde da las clases ocurrió un episodio peculiar, que le hizo crecer mucho en la devoción a su protectora: «Una persona entró con malas intenciones y empezó a hacerme ciertas preguntas, tratando de arrancarme opiniones que me serían desfavorables…
En ese momento, una fotografía de Dña. Lucilia que tengo en un portarretratos de cristal, empezó a balancearse hacia adelante y hacia atrás sin que nadie lo tocara, produciendo un ruido bastante fuerte. Nos quedamos sorprendidos, tanto esa persona como yo…
Entonces salió espantada de mi salón y no volvió nunca más. Seguí mirando fijamente el cuadro de Dña. Lucilia y me pareció que, con ese movimiento, quería decirme: “No hables, no des tu opinión, guarda siempre silencio”. Fue una gran bendición y una protección muy grande de su parte».
Otras gracias recibidas
Eddy se acostumbró a recurrir a Dña. Lucilia constantemente, confiándole en una simple súplica cualquier dificultad, desde complejos problemas de salud hasta pequeños obstáculos prácticos, como la cancelación de un vuelo. A continuación, podemos apreciar algunas de estas intervenciones celestiales en su vida.
Una vez, estaba a punto de embarcar en un avión con destino a Sudáfrica para ofrecer una serie de conciertos. Al llegar a la sala de espera, notó que el vuelo estaba muy concurrido y temió que, por ello, el viaje resultara muy agotador e incómodo. Entonces le encomendó el trayecto aéreo a Dña. Lucilia, pidiéndole con sencillez un viaje tranquilo.
Con maternal solicitud, ella atendió su plegaria. «Al entrar en el avión, que iba totalmente lleno —cuenta él—, encontré libres los tres asientos de la fila en la que debía sentarme, y nadie los ocupó durante todo el vuelo.
Reconocí de inmediato que era obra de Dña. Lucilia y le di las gracias enseguida. Lo mismo volvió a ocurrir en el viaje de regreso a Estados Unidos».
Salvado de apuros económicos
En otra ocasión, Eddy tenía previsto llevar a cabo una gira de conciertos por Argentina y Uruguay y, para la compra de los billetes de avión, había conseguido el apoyo financiero de una empresa.
No obstante, un imprevisto pondría en manos de Dña. Lucilia la realización de esas actuaciones, muy importantes para su carrera. Así nos lo cuenta él:
«Poco antes del viaje, salí de casa para un ensayo con la orquesta y recibí una llamada en la que se me informaba de que aquella empresa ya no me ayudaría con los billetes… Me quedé muy sorprendido en ese momento.
Iba conduciendo hacia el ensayo, pero inmediatamente me conecté con la Virgen y Dña. Lucilia y les pedí que me ayudaran con esos billetes de avión que necesitaba para hacer la gira.
»Pasaron unos veinte minutos y, cuando llegué al lugar del ensayo, recibí dos llamadas, de dos personas distintas, que querían informarme de que ya habían conseguido de nuevo la ayuda económica para los billetes de avión. Reconocí de inmediato, con lágrimas en los ojos, el “milagro” y la manifestación de Dña. Lucilia y de la Virgen».
Doña Lucilia también libró a Eddy de otros apuros económicos, uno de los cuales ocurrió durante un período de descanso escolar, como él mismo nos cuenta: «En junio, casi todos mis alumnos se iban de vacaciones y mi situación financiera estaba por los suelos. Incluso mi esposa me dijo: “Este mes es crítico…
Tenemos que hacer ajustes, estoy muy preocupada”. Me fui a mi despacho, y empecé a rezarle a Dña. Lucilia pidiéndole ayuda. No habían pasado ni diez minutos cuando recibí un mensaje en el móvil informándome de que me estaban haciendo un ingreso de dos mil quinientos dólares como donativo de apoyo para un disco que estaba grabando en ese momento…
¡Mis ojos se llenaron de lágrimas de felicidad al reconocer el amor maternal de Dña. Lucilia para con sus hijos!
»Esto forma parte de los tantos y tantos “milagros” que he recibido, y que hoy estoy compartiendo con ustedes, porque los tengo registrados en un cuaderno que guardo como memoria de todas las gracias que recibo de Dña. Lucilia. No me queda más que agradecérselo infinitamente a ella, que siempre ha sido una madre incondicional para mí».
Que estas sencillas manifestaciones de la eficaz intercesión de Dña. Lucilia nos sirvan de estímulo, para que también nosotros encontremos en su protección ese mismo amor incondicional, reflejo de la bondad de la propia Madre de Dios.