Origen de una tradición
De hecho, después de tales acontecimientos, el fervor de los católicos por la poderosa medalla creció de manera vertiginosa. Partiendo de Alemania, donde se acuñó por primera vez, se propagó rápidamente por toda la Europa católica, siendo considerada por los fieles como segurísima defensa contra las embestidas infernales.2 La Santa Sede enseguida se vio impulsada a apoyar este providencial movimiento de la gracia y el 12 de marzo de 1742 el papa Benedicto XIV firmó el breve que ratificaba el uso del piadoso objeto y le concedía favores e indulgencias. Habiéndose difundido muchas variantes de la medalla a lo largo del tiempo, el 31 de agosto de 1877 el Beato Pío IX distinguió con indulgencias especiales un nuevo modelo acuñado por la abadía de Montecassino con ocasión del decimocuarto centenario del nacimiento de San Benito, que pasó a ser conocido como la medalla jubilar. Dicho modelo es el más difundido hasta el día de hoy.3 Sin embargo, tal como sucedió en la cristiandad de antaño, el significado más profundo de este poderoso sacramental es olvidado a menudo por los cristianos.Que la santa cruz sea mi luz
El adorable instrumento de nuestra salvación es, en sí mismo, un eficacísimo auxilio contra todo tipo de ataques diabólicos. Si por medio de un árbol el antiguo enemigo derrotó, en Adán, al género humano, así también por medio de un madero el Hombre-Dios nos ha rescatado definitivamente de la tiranía infernal. Por ello, una gran cruz griega cubre una cara de la medalla. Entre las astas de la cruz se pueden leer cuatro caracteres: C. S. P. B., que significa: Crux Sancti Patris Benedicti —La cruz del santo padre Benito. También son visibles, grabadas en la propia cruz, las letras C. S. S. M. L. en la asta vertical, y N. D. S. M. D. en la asta horizontal, que aluden, respectivamente, a las frases antes citadas: Crux Sacra sit mihi lux. Non draco sit mihi dux —Que la santa cruz sea mi luz; que el dragón no sea mi guía. Y, para completar esta oración de carácter exorcista, hay a su alrededor una inscripción más extensa: V. R. S. N. S. M. V. S. M. Q. L. I. V. B., que quiere decir: Vade retro Satana; numquam suade mihi vana. Sunt mala quae libas; ipse venena bibas —¡Apártate, Satanás!, no me sugieras cosas vanas. Maldad es lo que me brindas, bebe tú mismo el veneno. Tal conjuro puede ser utilizado por los cristianos siempre que se sientan perturbados y asaltados por las tentaciones del enemigo; cuando nos sugiere sus perversidades, las falsas pompas del mundo, los deleites y placeres contrarios a la ley de Dios, las malas amistades…, en fin, su veneno, el pecado mismo, que lleva la muerte al alma. ¡Aceptadlo, jamás! Arrojemos ese maldito «obsequio» a la cara del tentador que nos lo ofrece, ya que él mismo lo eligió por herencia. No obstante, al contemplar el reverso de la medalla cabría preguntarse: ¿por qué San Benito?La figura del patriarca de Occidente
El santo patriarca de Occidente cuenta con todas las prerrogativas para figurar en un objeto piadoso de carácter exorcista, y esto se debe principalmente a las grandes victorias obtenidas por él contra los espíritus malignos al usar la señal de la cruz.
San Benito - Basílica de Santo Domingo, Bolonia (Italia)
Auxilio infalible
Así pues, aunque los ataques diabólicos, las tentaciones e incluso los peligros físicos a los que nos enfrentamos cada día sean numerosos y constantes, la medalla de San Benito constituye un poderoso sacramental e infalible auxilio para los cristianos, ya que reúne en sí la virtud de la santa cruz y el recuerdo de las victorias que el gran patriarca obtuvo contra el dragón infernal. Por lo tanto, en medio de las tribulaciones de esta vida, llevemos con devoción la medalla de San Benito, no como un mero amuleto alegórico, sino como una ayuda sobrenatural y una representación auténtica de las promesas de nuestro bautismo: creemos firmemente en Jesucristo, nuestro Señor, y en la Santa Iglesia y renunciamos para siempre a Satanás y al pecado. ◊Notas
1 Cf. GUERÁNGER, OSB, Prosper. A medalha de São Bento. São Paulo: Artpress, 1995, pp. 37-38.
2 Cf. Ídem, p. 42.
3 Cf. Ídem, p. 136.
4 Cf. SAN GREGORIO MAGNO. Vida e milagres de São Bento. Rio de Janeiro: Lumen Christi, 1977, pp. 38-39; 51-52.