Al constatar que la Virgen Santísima portaba en su seno al divino Infante, es indudable que San José debió experimentar una enorme perplejidad. […]
Al penetrar en la mirada de María, San José, en medio de su drama, continuaba viéndola como la propia mirada de Dios para sí, más cristalina que el agua más límpida, más brillante que el más radiante de los soles. Sin embargo, no podía dejar de reparar también en los claros indicios del embarazo. […]
Sobre este particular, subraya el Dr. Plinio: «Es un absurdo pensar lo contrario. A San José le bastaba mirarla, incluso …