Evangelio de la Natividad de San Juan Bautista (Misa de la Vigilia)
5 En los días de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote de nombre Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón, cuyo nombre era Isabel. 6 Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. 7 No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada.
8 Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, 9 según la costumbre de los sacerdotes, le tocó en suerte a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; 10 la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso.
11 Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. 12 Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor. 13 Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. 14 Te llenarás de alegría y gozo, y muchos se alegrarán de su nacimiento. 15 Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya en el vientre materno, 16 y convertirá muchos hijos de Israel al Señor, su Dios. 17 Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto» (Lc 1, 5-17).
I – Predestinado desde siempre
Aparición del ángel a Zacarías – Iglesia de San Juan Bautista, Halifax (Canadá)Dios nos concibió desde siempre
Cada uno de nosotros tiene una noción clara de que ha venido al mundo con el concurso de un padre y una madre, a quienes conocemos y amamos; sin embargo, muchas veces nos olvidamos de que, antes de ser engendrados físicamente por nuestros padres, hemos sido concebidos y conocidos por Dios a partir de un «momento» imposible de ser determinado, puesto que ha sido desde siempre. Nuestra pobre inteligencia ni siquiera es capaz de imaginar cómo es la mente divina, en la que no existe pasado ni futuro, y todo es presente. Salidos de las manos de Dios, que crea directamente cada alma, nos toca cultivar una relación fortísima con Él, sin la cual no vivimos, porque somos seres contingentes. Si no fuese así, tendríamos las mismas reacciones de un niño abandonado que, aun gozando de algunas alegrías, ignora la felicidad de pertenecer a una familia. Por su parte, lejos de ser como una madre desnaturalizada que se deshace de su hijo, Dios nunca nos desampara y quiere establecer un estrecho contacto con nosotros, como se lee en la Escritura: «¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré» (Is 49, 15). En el nacimiento de San Juan Bautista, se hace patente su predestinación a una altísima misión, seguida de una intensa protección divina, como lo subrayan las lecturas de las dos misas de esta solemnidad —la de la vigilia y la del día—, que narran el llamamiento del profeta Jeremías y el del profeta Isaías, perfectamente aplicables al Precursor: «Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te constituí profeta de las naciones» (Jer 1, 5); «El Señor me llamó desde el vientre materno, de las entrañas de mi madre, y pronunció mi nombre» (Is 49, 1).II – La perspectiva de la fe
En la consideración de los episodios narrados por el Evangelio de esta vigilia observamos una peculiaridad que llama de manera especial nuestra atención: la forma como Dios realiza las obras grandiosas.
«Nacimiento e imposición del nombre de San Juan Bautista», por Sano di Pietro – Museo Metropolitano de Arte, Nueva YorkHechos que cambiaron la Historia de la humanidad
En efecto, desde la creación del hombre y su existencia en el paraíso hasta el Juicio final, no ha habido un lance de importancia y trascendencia más grande para la Historia de la humanidad que el que allí se estaba dando. San Juan Bautista, el mayor entre todos los nacidos de mujer, es engendrado en una madre estéril y, además, cuando sus padres ya eran ancianos; detalles que confieren al acontecimiento un carácter completamente prodigioso. El anuncio de su concepción y de su nacimiento ocurren en un ambiente de misterio: Santa Isabel da a luz asistida por María Virgen que, a su vez, estaba ya en el tercer mes de la gestación del Niño Jesús, la segunda Persona de la Santísima Trinidad encarnada. Sin embargo, el Precursor no vino al mundo rodeado de gloria, esplendor y poder —de los cuales ahora goza en la eternidad—, lo que obligaría a todos los que más tarde lo escuchasen a creer en su palabra. Al contrario, cuando inició su misión se presentó vestido con piel de camello, langostas eran su alimento, y mostraba características sui géneris que exigían de sus contemporáneos un acto de fe. De este modo, todos esos hechos impresionantes se realizaron dentro de las apariencias de la normalidad, en el transcurso común de la vida, y a pesar de haber sido muy comentados por parientes y vecinos en esa ocasión, no parece que éstos hubieran comprendido a fondo la dimensión sobrenatural que encerraban. En nuestros días, gracias a la perspectiva y al conocimiento que nos dan dos mil años de Tradición de la Iglesia, podemos discernir con más claridad los aspectos místicos, milagrosos y extraordinarios de los que estaban revestidos. De ellos podemos sacar una preciosa lección, al considerar que, cuando Dios interviene, muchas veces no revela toda la magnitud de los hechos que asistimos para que, saliendo de nuestro estado de prueba aquí en la tierra, no suceda que pasemos a vivir de la constatación, sin necesidad de la fe, llegando a perder los méritos. Y para que el justo viva por la fe (cf. Hab 2, 4), Él permite que atravesemos los valles de la aridez (cf. Sal 83, 7). Consideremos entonces bajo ese punto de vista los versículos que la liturgia ha escogido para la Vigilia de esta Solemnidad.Dios recompensa la santidad de un matrimonio
5 En los días de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote de nombre Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón, cuyo nombre era Isabel. 6 Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor.
La humillación pública de la esterilidad
7 No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada.
«Anunciación a San Zacarías», por Pere Mates – Museo de Arte, Gerona (España)Dios escoge las ceremonias para manifestarse
8 Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, 9 según la costumbre de los sacerdotes, le tocó en suerte a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; 10 la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso.
11 Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso.
Zacarías ante el arcángel San Gabriel (detalle) – Palacio Doretheum, VienaUn temor fruto del relajamiento
12 Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor.
Vivimos en permanente contacto con el mundo invisible
El ejemplo de Zacarías nos abre los ojos a una realidad que, con frecuencia, está ausente en nuestros pensamientos: acostumbrados a vivir dentro de los estrechos parámetros humanos, nos olvidamos fácilmente de que Dios no ha creado un universo cerrado, de modo que constituyamos un mundo aparte con relación al mundo invisible compuesto por las criaturas espirituales. Es todo lo contrario. Estamos ininterrumpidamente rodeados por ángeles buenos y malos, los cuales forman una única sociedad con los hombres. La doctrina católica nos enseña que los ángeles son numerosísimos, al punto de que Santo Tomás,5 recogiendo la opinión de muchos Padres de la Iglesia, aplica la parábola evangélica de la oveja que se pierde mientras las otras noventa y nueve permanecen en el campo (cf. Mt 18, 12; Lc 15, 4-7), a la proporción existente entre ángeles y hombres. Por lo tanto, cada ser humano correspondería a noventa y nueve ángeles, lo que significa un número incontable para nuestra mente tan limitada. Ahora bien, tanto los ángeles, con sus buenas inspiraciones, como los mismos demonios, a través de las tentaciones, ejercen un papel dentro del estado de prueba en el que nacemos, porque en esta vida estamos de paso, para ser examinados y alcanzar la gloria de la visión beatífica. Por ello, debemos tener cuidado de no actuar como si nuestra existencia transcurriese en un plano meramente natural, sino de mantener la mirada puesta en los horizontes de la fe, con la plena convicción de que a todo momento nos encontramos bajo la influencia de los ángeles o de los demonios.
Detalle de «La Anunciación», por Fra Angélico – Museo Diocesano, Cortona (Italia)Dios manifiesta su bondad
13 Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan».
Un niño grande a los ojos del Señor
San Juan Bautista niño – Iglesia de San Juan Bautista, Figueiró dos Vinhos (Portugal)14 «Te llenarás de alegría y gozo, y muchos se alegrarán de su nacimiento. 15 Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya en el vientre materno, 16 y convertirá muchos hijos de Israel al Señor, su Dios. 17 Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto».
San Juan Bautista y San Elías, por Andrea di Bonaiuto – Basílica de Santa María del Carmen, Florencia (Italia)III – La «estirpe eliática»
El hecho de que el niño anduviera al frente del pueblo «con el espíritu y poder de Elías» muestra claramente la constitución de una estirpe que vincula al Profeta por excelencia con el Precursor del Mesías, y los une en una misión análoga. Esa «estirpe eliática», que tiene origen en el modo de ser, en la paciencia, en la humildad y en el celo por la causa de Dios, que caracterizaban a Elías, bien podemos afirmar que se extiende a través de los varones providenciales, de los que, como Juan el Bautista, desempeñan un papel histórico «con el espíritu y poder de Elías», y cruzan los tiempos iluminando las luchas de la Iglesia a lo largo de los siglos. Esos profetas son elegidos y formados por la voluntad divina para marcar los cielos de la Historia, de forma que la santidad, discernimiento, fuerza, definición, decisión, ímpetu, impacto y otros dones que adornan sus almas son privilegios concedidos por Dios, porque Él lo quiere, en su constante deseo de comunicarse con los hombres. En la convulsionada época en que vivimos, similar a una noche profunda, debemos pedir la gracia de que ese espíritu de Elías vuelva a brillar sobre el mundo y, al igual que San Juan Bautista anunció la llegada del Salvador, sea para nosotros proclamado el triunfo de María y la fundación de una nueva y maravillosa era histórica. ◊Notas
1 Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO. Suma Teológica. III, q. 27, a. 6.
2 SAN AMBROSIO. Tratado sobre el Evangelio de San Lucas. L. I, n.º 18. In: Obras. Madrid: BAC, 1966, v. I, pp. 62-63.
3 Cf. TUYA, OP, Manuel de; SALGUERO, OP, José. Introducción a la Biblia. Madrid: BAC, 1967, v. II, p. 318; RENIÉ, SM, Jules-Edouard. Manuel d’Écriture Sainte. Les Évangiles. 4.ª ed. Paris: Emmanuel Vitte, 1948, v. IV, p. 258.
4 Cf. LAGRANGE, OP, Marie-Joseph. Évangile selon Saint Luc. 4.ª ed. Paris: J. Gabalda, 1927, pp. 12-13; RENIÉ, op. cit., pp. 227-228; 258.
5 Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO, op. cit., I, q. 50, a. 3. Super Matthæum. C. XVIII, lect. 2; Catena Aurea. In Lucam, c. XV, vv. 1-7.
6 Cf. RENIÉ, op. cit., pp. 258-259; LAGRANGE, op. cit., p. 15, nota 13.
7 Cf. MALDONADO, SJ, Juan de. Comentarios a los Cuatro Evangelios. Evangelios de San Marcos y San Lucas. Madrid: BAC, 1951, v. II, pp. 269-271.
8 SAN BEDA. Homilías sobre los Evangelios, 2, 23, apud ODEN, Thomas C.; JUST, Arthur A. La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia. Evangelio según San Lucas. Madrid: Ciudad Nueva, 2000, v. III, p. 50.