Uno de los hombres más influyentes de su tierra
Dante Alighieri nació en Florencia, probablemente en 1265. Su vida fue bastante ajetreada. De notable inteligencia, estudió todos los ámbitos de la cultura con excelentes maestros y no tardó en convertirse en uno de los hombres más influyentes de su tierra, lo que le llevó a asumir un importante papel político en la famosa disputa entre los gibelinos, que defendían la supremacía de los emperadores sobre el papado, y los güelfos, defensores de la autoridad pontificia. A estos últimos —y más precisamente a los «güelfos blancos», un partido más moderado— pertenecía el poeta italiano. Luego de muchos conflictos, acabó desterrado de su Florencia natal en 1302, por obra de los «güelfos negros». Se refugió, después de varios viajes e intentos de repatriación, en Rávena. Allí, inmerso en la tristeza por el exilio, Alighieri comenzó a consolarse en el estudio de la teología, hasta su muerte el 14 de septiembre de 1321. En este contexto, analizando su vida, fue cuando percibió que se encontraba enmarañado «en una selva oscura, por haberme apartado del camino recto».2 Y empezó a escribir su obra maestra: la Divina comedia.Un incentivo al amor de las verdades cristianas
Sin duda, es en el aspecto literario donde reside la mayor parte de la gloria de este escrito universal. La historia está impregnada de elementos de todos los ámbitos de la cultura de entonces: «Todo Dante está en la Divina comedia no por el hecho de ser ésta la mejor de sus obras, sino por su carácter de totalidad».3 Además, el poeta italiano agotó allí sus conocimientos y su talento, inmensos para su época. La Divina comedia fue escrita íntegramente en versos endecasílabos —de once sílabas—, con un innovador sistema de rimas en tercetos, y se divide en tres partes: «Infierno», «Purgatorio» y «Paraíso». En perfecto equilibrio matemático, cada una de estas partes se compone de treinta y tres cantos, más uno introductorio acoplado al «Inferno». Así, esto completa el número cien. A pesar de tanta excelencia literaria, esta obra no estaba destinada inicialmente a eruditos y literatos, sino a todos. De ahí el hecho de que no estuviera escrita en latín —el idioma que se hablaba por entonces en las universidades y se empleaba en obras eruditas—, sino en la lengua vernácula toscana. Por otro lado, el título original Commedia era indicativo de un estilo literario caracterizado por una «narrativa viva», diferente de la ilustre narrativa de las elegías. El calificativo de Divina con el que quedó consagrada sólo le fue otorgado años más tarde por Boccaccio. No obstante, conviene recordar que, «cautivando al lector con la variedad de imágenes, con la belleza de los colores, con la grandeza de las expresiones y los pensamientos, lo atrae y excita al amor de la sabiduría cristiana».4Infierno
El argumento que llena las páginas de la Divina comedia tiene lugar en el año 1300 y comienza con la aparición de Virgilio a Dante, en la tenebrosa selva en la que este último se había perdido, figura de su vida de pecados. El poeta romano afirma que fue enviado por la Virgen María, a petición de Beatriz —nombre que significa beata o beatificante, y que en la obra representa la fe o la teología—, para guiar a Alighieri a través del infierno y el purgatorio, hasta llegar al Paraíso, adonde lo conducirá la propia Beatriz. Inicia así el descenso al infierno, que tiene forma de embudo, con «círculos» concéntricos que van hasta el centro de la Tierra y albergan castigos peores cuanto más bajos se encuentran. Al llegar a sus puertas, los viajeros se topan con un letrero en el que se lee: «¡Oh, vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!».5
Dante y Virgilio en el infierno - Museos de Santo Domingo, Forli (Italia).Purgatorio
En la visión dantesca, el purgatorio es una isla del hemisferio sur —lo que se evidencia con la aparición de la Cruz del Sur—, en la cual hay una gran montaña cónica que se eleva a través de círculos ascendentes: cuanto más altos, menor el trayecto que recorrer y más ligeros los pecados que purgar en ellos.
La entrada de Dante al purgatorio - Biblioteca Medicea Laurenciana, Florencia (Italia)Paraíso
Dante imagina el Cielo como nueve esferas concéntricas, cada una de las cuales corresponde a uno de los coros angélicos. Por encima de estas esferas está el Empíreo, que es inmóvil, donde se encuentra el trono de Dios. Esta división, por cierto, se basa en el sistema astronómico de Ptolomeo, entonces en boga; es decir, todas las esferas giran alrededor de la Tierra, siendo mayor la velocidad de su movimiento cuanto más se alejan de nuestro planeta. Beatriz le explica cómo las almas santas son elevadas al Cielo y cómo Dante subirá a su semejanza: el amor de Dios las atrae infaliblemente cuando lo contemplan. Así pues, comienzan la ascensión. En la primera esfera, la de la Luna, están quienes, aunque virtuosos, no cumplieron plenamente sus votos, siendo insuficientes en fortaleza. Al ser interrogada si no ansiaba una gloria mayor, una de las almas le responde al poeta: «Si deseáramos estar más elevadas, nuestro anhelo estaría en desacuerdo con la voluntad de Aquel que nos reúne aquí».10 En otras palabras, en el Cielo los bienaventurados tienen tal unión de voluntades con Dios que su felicidad consiste en cumplir sus designios, sin aspirar a nada más que lo que Él quiere. En el segundo Cielo, el de Mercurio, están los que adquirieron fama mundana legítimamente, pero la desearon con gran ardor, en detrimento de la justicia. Elevados al Cielo de Venus, los viajeros ven a los amantes, que se excedieron en esta pasión, faltando a la templanza. Allí se hallan incluso almas que practicaron el amor de manera imperfecta. En la esfera del Sol se encuentran los doctos en teología, que brillaron por su prudencia. Se acercan a Dante varios doctores, entre ellos Santo Tomás de Aquino y San Buenaventura. Ambos comienzan entonces a cantar la gloria de las órdenes mendicantes: Santo Tomás enaltece a los franciscanos, mientras que San Buenaventura exalta a los dominicos. La quinta esfera es la de Marte, compuesta por militantes, ejemplos de fortaleza. Éstos se organizan en forma de una gran cruz. El Cielo de Júpiter es el de los justos, que forman, en celestial coreografía, la frase de las Escrituras: «Diligite iustitiam, qui iudicatis terram» (Sab 1, 1).11 De la «M» final surge el águila del Imperio romano, pues ahí se encuentran quienes ejercieron santamente el gobierno de las naciones.
Dante en el Paraíso, de Philipp Veit - Casino Massimo Lancellotti, Roma¿Por qué leer la «Divina comedia»?
A estas alturas, el lector debe haberse preguntado: ¿de qué sirve leer la Divina comedia, si sólo es una narración ficticia? En respuesta a esta cuestión, cabe citar las palabras de Benedicto XV: «Su comedia, que merecidamente obtuvo el título de divina, a pesar de los elementos de ficción e inventados, o las alusiones a la vida mortal, no tiene otro propósito que glorificar la justicia y la providencia de Dios, que gobierna el mundo en el tiempo y en la eternidad, y que premia y castiga a los hombres, tanto individualmente como en sociedad, según sus méritos».13 Por lo tanto, al cantar hermosamente los principios de la fe católica, la Divina comedia nos sirve de meditación sobre los novísimos, incitándonos a un amor más grande a Dios, quien es sustancialmente, conforme las últimas palabras de la obra, el Amor «que mueve el Sol y las demás estrellas».14 ◊Notas
1 BENEDICTO XV. In præclara summorum.
2 Infierno, I. Todas las citas de la Divina comedia han sido extraídas de la versión en español: DANTE ALIGHIERI. La divina comedia. Madrid: M. E. Editores, 1994.
3 RUIZ, Nicolás González. «Introducción general». In: DANTE ALIGHIERI. Obras Completas. 5.ª ed. Madrid: BAC, 2002, p. 8.
4 BENEDICTO XV, op. cit.
5 Infierno, III.
6 Ídem, ibidem.
7 Ídem, XXXIV.
8 Purgatorio, IX.
9 Ídem, XXXIII.
10 Paraíso, III.
11 Del latín: «Amad la justicia, vosotros los que juzgáis la tierra».
12 Paraíso, XXXIII.
13 BENEDICTO XV, op. cit.
14 Paraíso, XXXIII.