Conquistado por María desde la cuna
Esta profunda piedad sólo podía tener su origen en el amparo de la Santísima Virgen. Así lo demuestra un hecho encantador, que afortunadamente la Historia ha registrado. Un día, mientras bañaba al niño, su nodriza se fijó que escondía en su mano un papelito. Vanos fueron los intentos de quitárselo al bebé… Éste lo sujetaba con fuerza, apretándolo contra su pecho, y siempre lloraba cada vez que intentaban abrirle la manita. Esta tenacidad, no obstante, era impropia de su carácter tierno y tranquilo. Cuando su madre logró, por fin, coger el papel, vio que había una sencilla inscripción: Ave María. Admirada, la condesa de Cariccioli le devolvió el escrito a su hijo, quien, sin titubear, se lo metió en la boca y se lo tragó, sonriéndole después. Nuestra Señora había elegido a Tomás como objeto de su predilección desde la cuna, y conquistó su corazoncito para sembrar en él el amor a su divino Hijo.Entrañada devoción eucarística
Siendo ya sacerdote dominico, su primer acto del día era estar en oración delante del sagrario. Después de maitines, celebraba una misa y luego asistía a otras dos, las cuales casi siempre acolitaba. Comenta Benedicto XVI que, «según los antiguos biógrafos, solía acercar su cabeza al sagrario, como para sentir palpitar el Corazón divino y humano de Jesús».2 Cada visita al Prisionero del tabernáculo, cada encuentro de su mirada finita y creada con la mirada eterna y creadora, cada contacto de su inteligencia humana y defectible con la sabiduría infinita y omnisciente, le comunicaba auténticos fulgores de la propia luz divina, que después transmitía en sus escritos. La unión con Dios alcanzó tal auge en su alma que fue favorecido con el don de la contemplación infusa, así como el de la levitación y las lágrimas. Tenía éxtasis muy profundos, que a veces duraban horas.Obra de amor ofrecida a Jesús Hostia
Además de consignar la doctrina con respecto a este sacramento, Tomás fue el poeta por excelencia de la Eucaristía. El oficio y la liturgia que compuso para la solemnidad de Corpus Christi son una verdadera joya que, en la feliz expresión de una obra del siglo pasado, «ya ha desafiado siete siglos, y que tal vez sigamos cantando en la eternidad bienaventurada».3 Nadie como él ha conseguido traducir la ciencia eucarística en oraciones e himnos tan hermosos. Con toda razón, Santo Tomás recibió de Pío XI el título de Doctor Eucarístico.4 Su nombre quedará grabado para siempre en el estandarte de la Historia como portador de la mayor obra de amor ofrecida a Jesús Hostia.Santidad: ¡el mayor legado de Santo Tomás!
Hay ciertas realidades que sólo alcanzan la plenitud del fulgor en su ocaso, a semejanza del sol, que lanza sus más bellos rayos cuando está a punto de retirarse bajo las misteriosas brumas de la noche. Así sucede con las almas que caminan en la presencia de Dios: sus últimos días en esta tierra son los más repletos de bendiciones, pues revelan de forma maravillosa la santidad de toda una vida. Analizando, por tanto, el final de la peregrinación terrena del Doctor Angélico, podemos saborear ampliamente su amor a Jesús Eucaristía, cuyo fervor ni las glorias del mundo ni las vanidades de la erudición lograron enfriar.
Cada visita al Prisionero del sagrario le comunicaba a Santo Tomás auténticos fulgores de la propia luz divina, que después transmitía en sus escritosSanto Tomás de Aquino - Museo Diocesano de Arte Sacro, Vitoria (España)
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Muchas fueron las obras doctrinarias de este glorioso santo. Sin embargo, ninguna de ellas se compara a su ejemplo de virtud. Mirando, pues, al genio de Aquino, sepamos extraer no sólo la erudición de su pensamiento o la sabiduría de sus palabras, sino sobre todo dejémonos empapar por su devoción eucarística, a fin de que participemos de la recompensa demasiadamente grande de la cual goza ahora en el Cielo. ◊Notas
1 GUILHERME DE TOCCO. L’histoire de Saint Thomas d’Aquin. Paris: Du Cerf, 2005, p. 85.
2 BENEDICTO XVI. Audiencia general, 23/6/2010.
3 FARREL, OP, Walter; HEALY, STD, Martin J. El libro rojo de Dios, según Santo Tomás de Aquino. Pamplona: Don Bosco, 1979, p. 598.
4 PÍO XI. Studiorum ducem.
5 SAINZ, OP, Manuel de M. Vida del angélico maestro Santo Tomás de Aquino, patrono de la juventud estudiosa. Vergara: El Santísimo Rosario, 1903, p. 177.