El profeta Isaías es un batallador y, al mismo tiempo, un contemplativo de la batalla.
En esta contemplación, ve a los enemigos de Dios avanzando por todas partes y siente lo que dijo Nuestro Señor Jesucristo: «El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (Mt 8, 20).
Y piensa: «Todos tienen un punto de beneplácito, yo no. Todo es mal, dolor, oposición. Sin embargo, Dios es más grande que todos las embestidas». La certeza de la victoria divina está presente. Se hallaba dispuesto a prorrumpir en catilinarias y no tenía lástima de sí mismo. He aquí la visión del mundo del profeta Isaías.