En las intervenciones de Dña. Lucilia se percibe un elemento común: el deseo de grabar en los corazones la certeza del auxilio que ella obtendrá para quien recurre con confianza a su intercesión.
Un problema inesperado
Es lo que le sucedió a Luciana da Silva Sbeghen, residente en Mairiporã, Brasil. Diversos problemas con su automóvil y un cambio de residencia le acarrearon unos gastos que la dejarían con serias dificultades financieras. Las fue venciendo poco a poco, pero cuando pensaba que había pasado lo peor, un nuevo apuro vino a llamar a su puerta… «Cierto día», nos cuenta, «fui al bautizo del hijo de una amiga y al arrancar el coche a fin de volver a casa, todas las luces del tablero de mandos se encendieron; preocupada, le pedí inmediatamente a Dña. Lucilia que aquello fuera sólo un susto y que el coche no tuviera ningún problema serio, pues hacía poco tiempo que lo había arreglado y me estaba gastando mucho en obras de mantenimiento de la nueva casa». Nada más llegar a su residencia, Luciana le envió a un empleado del concesionario un vídeo del tablero con las luces encendidas, explicándole lo ocurrido. Le dijeron que no podía circular con el automóvil en ese estado, por lo que tuvo que ir una grúa para llevarlo a revisión. Continúa ella: «Cuando el vehículo llegó al concesionario, un empleado me llamó por teléfono. Le pedí si podía hacerme únicamente una estimación de la avería, pues me encontraba con el presupuesto muy ajustado y, sobre todo, rezaba para que fuera solamente un susto. Horas después me llamó y me dijo: “Luciana, ya dispongo de una opinión acerca de lo que le pasa al coche. Tengo dos noticias, una buena y otra mala”. Le pregunté: “¿No puede ser sólo la buena?”. Entonces me informó de que sería necesario cambiar varias piezas caras, como la bomba del combustible, y que todo saldría unos 6000 reales».Hábil intervención de Dña. Lucilia
Bien podemos imaginar lo que esto supuso para Luciana… «En ese momento, casi rompí a llorar; le comuniqué que no tenía esa cantidad y, por lo tanto, no podría arreglar el vehículo. Pero me dijo que me calmara y añadió: “La buena noticia es que no le voy a cobrar las piezas…”. Desconcertada, le pregunté el sentido de sus palabras, porque mi coche era un modelo antiguo y estaba fuera de la garantía». Cual no fue su sorpresa al oír del mecánico la explicación: «Soy el empleado más valorado, por votación, de mi empresa en Brasil. Por eso, recibo 10 000 reales al año para beneficiar a quien quiera; y la he elegido a usted, pues he visto que tiene una imagen de la Virgen de las Gracias en el salpicadero del coche y parece ser una persona con mucha fe. ¡Siga siempre así! Así que sólo me pagará 500 reales, por la mano de obra». Luciana se quedó tan perpleja que ni logró agradecérselo en ese momento; únicamente lloraba al ver cómo Dña. Lucilia había resuelto el problema con su habitual superabundancia y agilidad: suplió la falta de recursos económicos e hizo que el vehículo le fuera devuelto en mejores condiciones de las que estaba antes. Cuando fue a retirar el automóvil del taller, Luciana le contó la historia al empleado, el cual demostró significativa emoción. Entonces le dio una foto de Dña. Lucilia, que él besó y guardó en su cartera. Vemos, pues, cómo esta señora tan bondadosa atiende siempre a aquellos que le presentan sus angustias y problemas, pero exige de ellos algunas gotas de confianza en medio de la perplejidad, para «conquistar» el mérito de una mayor fe en su intercesión.Maternal intercesión
Residente igualmente en Mairiporã, nos escribe Melissa Cunha para contarnos cómo fue beneficiada por Dña. Lucilia. Encontrándose desempleada y viéndose en la necesidad de tener que ayudar a su madre a cancelar varias deudas y cubrir los gastos de la casa, Melissa rezaba diariamente el Rosario pidiéndole a Dña. Lucilia la gracia de conseguir un trabajo. Cada día crecía su esperanza en el auxilio de esta bondadosa señora, la cual no la defraudó. Pasado un tiempo, recibió un mensaje en la que se le avisaba que le habían concedido el anhelado empleo. Radiante de alegría, volvió a rezarle a su bienhechora, esta vez para agradecerle el favor recibido. Desde entonces empezó a considerar a Dña. Lucilia como su madrina, pues tenía la certeza de que ella estaría dispuesta a ayudarla en cualquier situación. De modo que, cuando su sobrina enfermó, sin que nada la hiciera mejorar, Melissa ya sabía a quién recurrir… Prometió rezar ante un cuadro de su «madrina» si la pequeña se recuperaba y el resultado no se hizo esperar: al día siguiente su hermana le telefoneó para comunicarle que la niña estaba en perfectas condiciones de salud.Una enfermedad grave y súbita
Su estado empeora aún más
«Me quedé esa noche hablando con la señora de la fotografía»
Así relata Fernando el desenlace del caso: «Los médicos, conjuntamente con mi familia, decidieron operarme en la mañana del 20 de enero y programaron hacerla al día siguiente. Aún en la noche del día 20 llegó a Guatemala la hermana con quien yo deseaba conversar, la cual vino directamente del aeropuerto al hospital, para visitarme. Además de rezar y pedirle a Dios por mi salud, me entregó unas fotografías de Nuestra Señora de Fátima y de Dña. Lucilia, recomendándome que les rezara y le hiciera una promesa a Dña. Lucilia para recuperar mi salud. Esa noche me quedé hablando con la señora de la fotografía y le prometí que si me ayudaba a salir de aquella situación, visitaría su tumba en Brasil». Su petición no tardó en ser atendida: aunque había sido larga, la operación se realizó sin complicaciones y sus condiciones de salud empezaron a mejorar. Estuvo sólo 48 horas en la UTI y a la semana siguiente, tan sólo cinco días después de la intervención, los médicos le dieron el alta. Habiendo permanecido en casa de su hermana durante su convalecencia, Fernando adquirió la costumbre de acompañarla todos los días a la Misa celebrada en la casa de los Heraldos del Evangelio, aunque el desplazamiento aún le fuera penoso. Allí conoció mejor a la institución, así como la vida del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira y de su madre, Dña. Lucilia.Soluciones divinas que la ciencia no explica…
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Una vez más, estos hechos dejan claro la sorprendente intercesión de Dña. Lucilia, ora rápida, ora exigiendo persistencia en la oración, pero siempre minuciosa y maternal. Para cada caso, tiene una solución diferente, proporcionándoles a las almas la serenidad que los pequeños y grandes problemas del día a día le hacen perder. Si bien, nótese que en esas intervenciones hay un elemento común a todas: el deseo de grabar en los corazones la certeza del auxilio que ella invariablemente obtendrá del Sagrado Corazón de Jesús para aquellos que le presentan sus aflicciones y dificultades con confianza. ◊