¿Cómo se está viviendo en la archidiócesis Esztergom-Budapest la planificación del 52.o Congreso Eucarístico Internacional?
Cuando Su Santidad el Papa Francisco nos encargó la organización de ese congreso nos quedamos muy sorprendidos y agradecidos.
En 1938 tuvimos en Budapest un Congreso Eucarístico Internacional que dejó profundos recuerdos y abundantes frutos pastorales. Confiamos en que ahora ocurra lo mismo.
En los preparativos del congreso hay muchos jóvenes. ¿Existe alguna iniciativa especial para acogerlos y animarlos a que participen?
Tenemos una escuela de adoración que envía misioneros por todo el país para que organicen reuniones, naturalmente en comunión con los obispos locales.
También existe la cruz misionera, la cual contiene reliquias de santos y beatos húngaros, sobre todo mártires del siglo XX. Su llegada a una ciudad da ocasión a que los jóvenes se reúnan.
Aparte de eso, hemos organizado regularmente conciertos en grandes instalaciones deportivas, en los que se incluye un momento de adoración eucarística. En el último participaron cerca de 5000 personas
E incluso estamos coordinando, a través de internet, un tipo de Adoración Perpetua con 40 000 jóvenes de distintos países, que se han comprometido a rezar durante una hora ante el Santísimo Sacramento en días determinados.
El próximo encuentro para la juventud será en noviembre y los Heraldos ya están invitados.
Veo que ustedes son una comunidad bastante joven, lo cual es muy importante, y que tienen la costumbre de rezar ante Jesús eucarístico. Yo mismo he presenciado la Adoración Perpetua en la casa generalicia de las hermanas y también en esta basílica.
Estamos asistiendo a un cambio de mentalidad, principalmente en la juventud, en el sentido de tener una especial devoción al Santísimo Sacramento.
¿Qué iniciativas aconsejaría Su Eminencia para acercar a los jóvenes a Jesús eucarístico?
El aprendizaje, sin duda, comienza ya durante la Educación Básica, cuando los niños y niñas se están preparando para hacer la Primera Comunión.
En las escuelas públicas muchos de los alumnos inscritos en la clase de Religión ni siquiera están bautizados, o no han hecho la Primera Comunión.
En colaboración con las parroquias se les está preparando para que la reciban en la Misa de apertura del congreso. El número de inscritos supera los 3000, aunque se espera que haya muchos más.
Vamos a ayudar a las familias de las áreas rurales a llevar a los niños a Budapest.
También estamos preparando unos blusones blancos para todos los comulgantes, confeccionados con gran alegría por personas que padecen alguna deficiencia. Naturalmente, éstos también serán invitados a la Misa de apertura, para que puedan ver el resultado de su trabajo.
En cuanto a las escuelas católicas, hay casi 700 en el país y ya están colaborando en la preparación del congreso.
Ofrecen, por ejemplo, jóvenes voluntarios que ahora auxilian en la organización y que ayudarán como intérpretes de inglés y otras lenguas durante el evento.
¿Cómo se sienten los jóvenes cuando veneran la cruz de la misión?
Esa cruz fue bendecida por el Papa Francisco a finales de 2017, de una manera muy cordial.
Recuerdo que la miró con gran ternura y simpatía, porque el ejemplo de los santos cuyas reliquias contiene está mucho más cerca de nosotros, de nuestra época.
Entre ellos hay sacerdotes mártires cuyos familiares aún están vivos.
La historia húngara es rica en acciones y actos de heroísmo. ¿De qué modo ese pasado influencia a la actual Hungría?
La influencia del pasado es algo que excede incluso la distancia entre continentes. Oigo, por ejemplo, las campanas de esta basílica tocando al mediodía.
Esa costumbre se remonta al Papa Calixto III, que ordenó se rezara en ese horario, en primer lugar, por los que defendían el mundo cristiano y, luego, para dar gracias por la victoria alcanzada.
Hoy ese hábito se mantiene como una invitación para que todos los fieles recen por la paz y agradezcan al Señor el hecho de que existimos.
Nosotros vemos nuestra historia como una serie de milagros de la Providencia, porque si la analizamos según los criterios humanos Hungría hoy no debía existir.
Sin embargo, esperamos que, con la gracia de Dios, nuestro país no solamente permanezca, sino que sea portador de valores para el mundo actual.
¿Se podría decir que la juventud húngara es particularmente mariana?
No de forma general, aunque existan grupos y movimientos marianos. Evidentemente, en las escuelas católicas hay devoción a la Santísima Virgen; además, a los niños se les regala un rosario para que aprendan a rezarlo.
También hay santuarios marianos muy frecuentados, incluso algunos situados fuera de Hungría, como el de Șumuleu Ciuc, en Rumanía, o de Mariazell, en Austria.
Las peregrinaciones de jóvenes a esos lugares se están volviendo cada vez más populares.
¿Cómo de importante es la figura del venerable József Mindszenty en nuestros días?
Sobre el cardenal Mindszenty está surgiendo toda una biblioteca de publicaciones, pues su persona le interesa al pueblo, a los historiadores e incluso a los productores de películas.
Es una figura casi misteriosa en su fidelidad, palabra que podría definir toda su vida. La fidelidad era igualmente uno de los principales valores para los católicos durante el régimen comunista.
Sin duda, en aquel momento se sentía, como siempre sucede en la Historia de la Iglesia, una necesidad de reforma, pero iba estrechamente unida a un sentimiento de fidelidad a Jesucristo, a la Iglesia y al Sucesor de San Pedro.
En algunos países, los católicos de rito oriental sufrieron mucho a causa de esa fidelidad.
¿Qué mensaje les daría Su Eminencia a los lectores de esta revista?
Me gustaría invitarlos a que rezaran por el congreso eucarístico y vinieran a participar en él, pues si estamos unidos en la fe es importante que tomemos conciencia de ese hecho y manifestemos nuestra alegría por él.
Además, el Evangelio de Lázaro y el rico que hoy ha sido proclamado nos invita a tener los oídos y corazones abiertos a lo que dice el Señor a través de la Sagrada Escritura, a la inspiración del Espíritu Santo y también a lo que habla el mundo que nos rodea.
Debemos escuchar el lamento de los pobres y necesitados y abrirles nuestros corazones, tanto en el plano de la oración y de la comunión en la fe, como en el de la ayuda concreta.
Ese testimonio es un lenguaje que todos entienden. De ello nos da ejemplo la santa más famosa del siglo XX, Santa Teresa de Calcuta, de cuyos funerales no me puedo olvidar.
En ellos participaron un millón de personas, muchas de ellas no cristianas, porque su mensaje era entendido también por ellas.