Recuerdo la primera conversación sobre vida espiritual que tuve con el Dr. Plinio, en 1959, cuando aún era muy joven y le pedí un consejo que me ayudara a decidir qué carrera debía seguir.
El Dr. Plinio quedó en recibirme a las cinco de la tarde en su despacho de abogado. Cuando llegué, lo encontré sentado en un sillón del vestíbulo, conversando con dos señores. Nos saludamos y me invitó a esperar en la sala contigua.
Entré y comencé a acompañar desde cierta distancia la conversación, que versaba sobre un tema que en ese momento yo no conocía, pero que …