Un nuevo arte para decorar los recintos sagrados
En los albores del primer milenio de la era cristiana se volvió habitual decorar iglesias y catedrales con grandes tejidos bordados, una variación de las pinturas murales y mosaicos tradicionalmente empleados hasta entonces. Escenas del Evangelio comenzaron a relucir en magníficas urdimbres gracias al elevado número de damas nobles hábiles en el uso de la aguja, dispuestas a comandar grupos de bordadoras en trabajos de mayor envergadura. Papas, obispos, abades, reinas y duquesas se convirtieron en amantes del nuevo arte, fomentando su desarrollo en los recintos sagrados confiados a su jurisdicción o influencia. En adelante, la ejecución de motivos sacros se generalizaría y evolucionaría hacia representaciones complejas, compuestas por varias escenas, personajes y ambientes que retrataban historias completas del Antiguo y del Nuevo Testamento. Se apreciaba en esto el florecimiento de una tendencia de la época, reflejada también en los vitrales, que avanzaba hacia prodigiosas narraciones con fines didácticos para mostrarles a los iletrados lo que no podían aprender en los escasos y carísimos libros. En este contexto de fecunda creatividad es cuando los bordados acabaron rebasando el ámbito religioso para retratar los acontecimientos más notables del momento, tanto de carácter social como militar. Así nacía una obra maestra única en el mundo por su extraordinaria importancia histórica, su imponente tamaño y su fascinante riqueza de detalles, sorprendentemente bien conservada hasta nuestros días: el tapiz de Bayeux, también conocido como el tapiz de la reina Matilde.Narración completa de una epopeya
El extenso tejido de lino de casi setenta metros de longitud se convirtió en un libro en blanco sui géneris, preparado para contener la narración completa de una epopeya cuyas consecuencias fueron decisivas para la configuración del Occidente tal y como lo conocemos hoy. Bayeux era en el siglo xi una importante ciudad del ducado de Normandía, gobernado por Guillermo el Conquistador, y sede episcopal del obispo Odo, su hermano.
«La reina Matilde trabajando en el tapiz de Bayeux”, de Alfred Guillard - Museo Baron Gérard, Bayeux (Francia)La conquista normanda de Inglaterra
Pero ¿qué trama histórica dio lugar a esa trama artística singularmente célebre? Todo comenzó con San Eduardo el Confesor, rey de Inglaterra. Era un varón íntegro a los ojos de Dios, empeñado en gobernar en la observancia de los mandamientos y deseoso de mantener a sus súbditos en el camino de la justicia. La falta de descendencia lo dejaba aprensivo en cuanto al futuro del trono, a la inestabilidad del territorio ante las invasiones vikingas y a la asimilación de la fe católica por parte de los anglosajones, aún muy próximos a la barbarie y no siempre modelados por el espíritu del Evangelio. Esta situación le hizo dirigir su atención hacia las benditas tierras de Normandía, donde la civilización cristiana florecía visiblemente. Siendo él mismo hijo de una noble normanda y habiendo pasado veinticinco años de exilio en el ducado durante la invasión de los vikingos daneses a Inglaterra, San Eduardo nunca disimuló la admiración que aquel territorio despertaba en su alma. Allí, las gracias emanadas del Mont Saint-Michel parecían modelar lo más profundo de aquellos corazones, que, junto a un indomable temperamento guerrero, demostraban ser entregados hijos de la Santa Iglesia. Estas cualidades le hicieron atraer hacia Inglaterra a todos los nobles normandos que pudo a lo largo de su reinado y, finalmente, elegir al duque Guillermo como sucesor. Y aquí comienza la aventura, cuya primera escena es el envío de su sobrino Harol para comunicar la importante noticia al Conquistador. Tras varias peripecias y escollos, Harold se encuentra con el duque, le hace el informe y le presta juramento de fidelidad, pero… cuando regresa a Londres para presentarse con la misión cumplida, halla a San Eduardo a punto de morir. Tras las exequias solemnes realizadas en la abadía de Westminster, Harold, que era el principal representante de la dinastía anglosajona, traiciona el deseo de su soberano y se hace coronar como nuevo rey.
Detalle del tapiz de Bayeux que representa la coronación de Harold II como rey de Inglaterra - Museo del tapiz de Bayeux (Francia)Monumento milenario construido con aguja e hilo
Todos esos episodios están estampados con lujo de detalles en el tapiz, que puede entretener durante largas horas desde el mayor especialista hasta un simple curioso. Con sus escenas dramáticas, otras pintorescas y varias muy inocentes y piadosas, nada se desperdicia en este bordado, fruto de la paciencia y del entusiasmo de un pueblo deseoso de conservar su propia memoria. Los hilos de lana teñidos en ocho colores resistieron hasta hoy en las 58 escenas retratadas, con algunos números que pueden agudizar nuestro interés por él, pues cuenta nada menos que «626 personajes, 190 caballos y mulas, 35 perros, 506 animales diversos, 37 embarcaciones, 33 edificios y 37 árboles».1 Todo ello en una pieza sometida a las inclemencias de los siglos y usada incluso para envolver mercancía durante la Revolución francesa. Cuando el tapiz de Bayeux salió del anonimato y se convirtió en el monumento apreciado que hoy conocemos, un erudito comentó al contemplarlo: «Qué cosa tan singular, cuando han sido derrumbados tantos edificios muy sólidos, esta frágil franja de tela nos ha llegado intacta a través de los siglos, de las revoluciones y de toda suerte de vicisitudes. ¡Un trozo de tapicería ha sobrevivido ochocientos años!».2
Detalle del tapiz de BayeuxNotas
1 LEVÉ, Albert. La Tapisserie de la Reine Mathilde dite la Tapisserie de Bayeux. Paris: H. Laurens, 1919, p. 11.
2 Ídem, p. 22.