Comunión en el pensamiento y en el deseo
¿Qué es realmente la amistad? Idem velle, idem nolle —querer y no querer lo mismo, decían los antiguos. La amistad es una comunión en el pensamiento y en el deseo.
El Señor nos dice lo mismo con gran insistencia: «Conozco a los míos y los míos me conocen». El Pastor llama a los suyos por su nombre.
Él me conoce por mi nombre. No soy un ser anónimo cualquiera en la inmensidad del universo. Me conoce de manera totalmente personal. Y yo, ¿le conozco a Él?
La amistad que Él me ofrece sólo puede significar que también yo trate siempre de conocerle mejor; que yo, en las Escrituras, en los sacramentos, en el encuentro de la oración, en la comunión de los santos, en las personas que se acercan a mí y que Él me envía, me esfuerce siempre en conocerle cada vez más.
La amistad no es solamente conocimiento, es sobre todo comunión del deseo. Significa que mi voluntad crece hacia el «sí» de la adhesión a la suya.
En efecto, su voluntad no es para mí una voluntad externa y extraña, a la que me doblego más o menos de buena gana. No, en la amistad mi voluntad se une a la suya a medida que va creciendo; su voluntad se convierte en la mía.
Benedicto XVI. Homilía, 29/6/2011.
«Sí» al amigo, «no» a lo que se opone a él
Un don de amistad implica un «sí» al amigo e implica un «no» a lo que no es compatible con esta amistad, a lo que es incompatible con la vida de la familia de Dios, con la vida verdadera en Cristo. […]
Esto lo conocemos bien, pero, tal vez precisamente porque hemos escuchado demasiadas veces estas palabras, ya no nos dicen mucho.
Entonces debemos profundizar un poco en los contenidos de estos «no». ¿A qué decimos «no»? Sólo así podemos comprender a qué queremos decir «sí».
Benedicto XVI. Homilía, 8/1/2006.
la amistad con Dios es nuestra salvación
Jesucristo transforma radicalmente la relación del hombre con Dios; de ahora en adelante, será una relación de amistad. Por eso, la única condición de la nueva alianza es el amor.
Al comentar este pasaje del cuarto Evangelio, San Agustín insiste en la perspectiva de la gracia, que es la única que puede hacernos amigos de Dios en su Hijo.
Efectivamente, un antiguo lema decía: Amicitia aut pares invenit, aut facit —la amistad o nace entre iguales o los hace tales. Nosotros no somos iguales a Dios, pero Dios mismo nos hace semejantes a Él en su Hijo. […]
Nuestra experiencia nos dice que las amistades pueden terminar a causa de algún gesto clamoroso de ruptura, o también por una serie de desatenciones cotidianas que desgastan la relación hasta romperla.
Si Jesús nos llama a ser sus amigos, intentemos no desoír su llamada. Acojámosla, cuidemos esta relación, y descubriremos que la amistad con Dios es nuestra salvación.
Léon XIV. Audiencia general, 14/1/2026.
Base de una amistad sincera con los demás
El encuentro personal con el divino Maestro, que os llama amigos, puede ser el inicio de una aventura extraordinaria: la de convertiros en apóstoles entre vuestros coetáneos. […]
Así veréis cómo la amistad con Él os llevará a abriros a los demás, a quienes consideráis hermanos, manteniendo con cada uno una relación de amistad sincera.
En efecto, Jesucristo es precisamente «el amor de Dios encarnado» (Deus caritas est, n.º 12), y sólo en Él es posible encontrar la fuerza para ofrecer a los hermanos afecto humano y caridad sobrenatural, con espíritu de servicio que se manifiesta sobre todo en la comprensión.
Benedicto XVI. Discurso, 10/4/2006.
Fuerza para vencer los desalientos
El que ha escogido ser todo de Cristo hallará ante todo en la intimidad con Él y en su gracia la fuerza de espíritu necesaria para disipar la melancolía y para vencer los desalientos. […]
Y si la hostilidad, la desconfianza, la indiferencia de los hombres hiciesen a veces no poco amarga su soledad, él sabrá que de este modo comparte, con dramática evidencia, la misma suerte de Cristo, como un apóstol, que no es más que aquel que lo ha enviado, como un amigo admitido a los secretos más dolorosos y gloriosos del divino Amigo.
San Pablo VI. Sacerdotalis cælibatus, 24/6/1967.
Estímulo para la perfección
Para Clara […], Francisco de Asís no sólo fue un maestro cuyas enseñanzas seguir, sino también un amigo fraterno. La amistad entre estos dos santos constituye un aspecto muy hermoso e importante.
De hecho, cuando dos almas puras y enardecidas por el mismo amor a Dios se encuentran, la amistad recíproca supone un estímulo fuertísimo para recorrer el camino de la perfección.
La amistad es uno de los sentimientos humanos más nobles y elevados que la gracia divina purifica y transfigura.
Al igual que San Francisco y Santa Clara, también otros santos han vivido una profunda amistad en el camino hacia la perfección cristiana, como San Francisco de Sales y Santa Juana Francisca de Chantal.
Benedicto XVI. Audiencia general, 15/9/2010.
Amistad con Dios y con los que le pertenecen
Para la composición de sus escritos, cooperaban con [Tomás de Aquino] algunos secretarios, entre los cuales el hermano Reginaldo de Piperno, quien lo siguió fielmente y al cual lo unía una fraterna y sincera amistad, caracterizada por una gran familiaridad y confianza.
Esta es una característica de los santos: cultivan la amistad, porque es una de las manifestaciones más nobles del corazón humano y tiene en sí algo de divino, como el propio Santo Tomás explicó en algunas quaestiones de la Summa Theologiae, donde escribe: «La caridad es la amistad del hombre principalmente con Dios, y con los seres que pertenecen a Dios» (II, q. 23, a. 1).
Benedicto XVI. Audiencia general, 2/6/2010.
Una unión que florece
Muy poco podremos hacer en el trabajo por toda la Iglesia, que es mi preocupación cotidiana y la vuestra, si no hemos logrado esta intimidad estrecha con el Señor Jesús: si realmente no estamos con Él y como Él santificados en la verdad; si no guardamos su palabra en nosotros, tratando de descubrir cada día su riqueza escondida; si el amor mismo de Dios por su Cristo no está profundamente arraigado en nosotros.
La unidad exterior, por la que oramos, será la germinación y el florecimiento de esta íntima unión con Cristo que deben tener indistintamente todos los fieles.
San Juan Pablo II. Discurso, 23/1/1981.
Que su amistad nos santifique
En la medida en que nos dejamos tocar por [Jesús], en que el encuentro se convierte en amistad y amor, llegamos a ser nosotros mismos, a partir de su pureza, personas puras y luego personas que aman con su amor, personas que introducen también a otros en su pureza y en su amor.
San Agustín resumió todo este proceso en la hermosa expresión: Da quod iubes et iube quod vis —concede lo que mandas y luego manda lo que quieras. En este momento queremos poner ante el Señor esta petición y rogarle: sí, purifícanos en la verdad.
Sé tú la verdad que nos hace puros. Haz que mediante la amistad contigo seamos libres y así verdaderamente hijos de Dios, haz que seamos capaces de sentarnos a tu mesa y difundir en este mundo la luz de tu pureza y bondad. Amén.