De este modo, no nos sorprendería que por medio de Historia de un alma —por citar sólo un ejemplo— se hayan obrado más conversiones en los últimos tiempos que por la lectura de cualquier obra patrística… Al fin y al cabo, el mismo Dios que inspiró sublimidades de vertiginosa grandeza en un San Juan Crisóstomo, un San Ambrosio o incluso un San Agustín, puede también asociar los humildes escritos de una desconocida monja carmelita —como lo era Santa Teresa del Niño Jesús— a la renovación espiritual de miles, quizá millones, de fieles. Son los arcanos de la Providencia… Un fenómeno similar se ha producido en torno a un libro muy difundido en las últimas décadas: el Diario de Santa Faustina, también conocido como Diario de la Divina Misericordia, seis manuscritos que dan testimonio del amor infinito de un Dios deseoso de acoger, perdonar y santificar las almas.El Diario de la Divina Misericordia da testimonio del amor infinito de un Dios deseoso de acoger, perdonar y santificar las almas
Escrito por obediencia
El texto fue redactado por la santa en el transcurso de los últimos cuatro años de su vida, por orden expresa de su confesor y del propio Jesús. El 4 de junio de 1937, el Redentor se dirigió a ella en estos términos: «Hija mía, sé diligente en apuntar cada frase que te digo sobre mi misericordia porque están destinadas para un gran número de almas que sacarán provecho de ellas».1En un lenguaje sencillo, pero impregnado de esa unción sobrenatural que sólo la virtud puede conferir, la religiosa narra la historia de su vocación y expone sus propósitos y luchas espirituales, sin esconder las dificultades y tentaciones que le sobrevinieron. ¿Podría haber mayor prueba de la pureza de intención de esta humilde escritora, así como de la autenticidad de sus revelaciones, que la admirable sencillez de sus relatos? En medio de descripciones de gracias místicas extraordinarias, frases como éstas marcan el diario de principio a fin: «En lo que concierne a la confesión, elegiré lo que más me humilla y cuesta. A veces una pequeñez cuesta más que algo más grande»; o bien, «Las reglas que desobedezco con más frecuencia: a veces interrumpo el silencio, no obedezco el llamado de la campanilla, a veces me meto en los deberes de los demás; haré los máximos esfuerzos para corregirme».2En un lenguaje sencillo, impregnado de celestial unción, Santa Faustina narra la historia de su vocación
En la divina escuela de la misericordia
Ante todo, el diario es un extraordinario relato de las apariciones de Jesús Misericordioso, sus palabras, sus deseos y sus consejos. Al cabo de seis cuadernos, Santa Faustina había legado a la Iglesia uno de los tratados más auténticos sobre la misericordia divina que la historia haya conocido.
Una lección repleta de bondad
Un día, tras haberle contado sus necesidades espirituales al Señor con cierto temor y angustia, la religiosa escuchó de Él esta sublime lección:6 —Imagina que eres la reina de toda la tierra y que tienes la posibilidad de disponer de todo lo que te plazca. Tienes la posibilidad de hacer el bien que te agrade y, de repente, llama a tu puerta un niño muy pequeño, todo tembloroso, con lágrimas en los ojos, pero con gran confianza en tu bondad, y te pide un pedazo de pan para no morir de hambre. ¿Qué harías? ¿Cómo te comportarías con ese niño? Respóndeme, hija mía. Y Faustina le contesta: —Jesús, le daría todo lo que me pidiera, pero también mil veces más. —Así —concluye el Señor— me comporto yo con tu alma.«Más que nada me agradas a través del sufrimiento»
El aprendizaje en esta divina escuela sería incompleto si no contemplara una realidad inseparable de la santidad. El propio Señor diría en una ocasión: «Muchas veces me llamas maestro. Esto es agradable a mi Corazón, pero no olvides, alumna mía, que eres alumna de un Maestro crucificado. Que te baste ésta sola palabra. Tú sabes lo que se encierra en la cruz».7 Poco a poco, Jesús pudo revelarle a esta alma escogida los misterios que rodean el terrible y luminoso camino del sufrimiento.
El termómetro del amor
Haciendo oír su voz divina en el siglo xx, en un sencillo convento polaco, el Salvador dirigía su llamamiento a una humanidad cada vez más alejada de la ley de Dios y cada vez más olvidada de su infinita misericordia.«Ojalá escuchéis hoy su voz: “No endurezcáis el corazón”» (Sal 94, 7-8). Que las palabras de un Dios misericordioso, recogidas en tan sencillo diario, nos animen a ofrecerle a Dios lo que a veces nos parece tan difícil reconocer: nuestras miserias. Su deseo no es otro: «Hija mía, —le decía el Señor— mira hacia el abismo de mi misericordia y rinde honor y gloria a esta misericordia mía, y hazlo de este modo: reúne a todos los pecadores del mundo entero y sumérgelos en el abismo de mi misericordia. Deseo darme a las almas, deseo las almas, hija mía».10Que las palabras del Dios misericordioso, recogidas en tan sencillo diario, nos animen a ofrecerle a Dios nuestras miserias
Notas
1 Santa Faustina Kowalska. Diario, n.º 1142. 4.ª ed. Stockbridge: Marian Press, 2003. Las demás citas del diario, todas transcritas de la misma edición, serán indicadas sólo por la numeración interna de la obra.
2 Idem, n.os 225-226.
3 Idem, n.º 56.
4 Idem, n.º 219.
5 Idem, n.º 1481.
6 Cf. Idem, n.º 229.
7 Idem, n.º 1513.
8 Idem, n.º 279.
9 Idem, n.º 498.
10 Idem, n.º 206.