El Evangelio nos narra que era alrededor del mediodía cuando Jesús, cansado del viaje, se sentó junto al pozo de Jacob. Al acercarse una mujer samaritana a sacar agua, le dice: «Dame de beber».
Dada la enemistad existente entre judíos y samaritanos, y habiendo reconocido que el Señor era del pueblo elegido, la mujer se sorprendió de que le dirigiera la palabra. Entonces, el Maestro le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y Él te daría agua viva» (Jn 4, 10).
Tras interrogarle cómo …